domingo 21 de marzo de 2010

MONÓLOGO DEL P... TRECE

TRECE

“El amor es el único afrodisíaco que no falla”.

LO QUE NO SE HABÍA DICHO SOBRE EL CLÍTORIS O PENE FEMENINO

(Advertencia: este apartado sólo podrá ser admitido o desmentido por ellas).
Así opinan los científicos sobre el clítoris: “Pequeño órgano erógeno y eréctil, muy vascularizado e inervado, equivalente femenino del pene, aunque mucho más pequeño; se localiza debajo de los labios menores, su glande es de 3 a 5mm, está cubierto por una caperuza similar al prepucio, y es anterior al orificio vaginal, pero independiente de la uretra. Al igual que el pene, cuando se estimula sexualmente experimenta erección, y es una de las zonas más importantes de excitación y placer sexual en la mujer”.
Sí, el clítoris o phallus femenino es la zona más importante de excitación y placer sexual en la mujer; pero, además, es el único órgano humano diseñado por la naturaleza para producir exclusivamente placer sexual, y no es ninguna otra su función.
El clítoris es extremadamente sensible y juega un papel fundamental en la estimulación sexual femenina, así pues, es el responsable directo del 99% de los orgasmos femeninos; es decir, los orgasmos clitorianos, e indirectamente del 1% de los orgasmos vaginales o uterinos (?). No obstante, con la penetración, la torpeza masculina se lanza de cabeza tras el insignificante uno por ciento. Quien tenga dudas de lo afirmado que se informe con el cada día mayor número de homosexuales femeninas, o con la incalculable cantidad de féminas que consiguen sus orgasmos a través de la masturbación; esto es, con las adecuadas caricias del clítoris. Dicho esto, tal parece que ellas no nos necesitan para nada, salvo para la reproducción, ¡por ahora! Sin embargo, las vaginas son profundamente felices con un pene en sus entrañas, en cuyos vaivenes se involucra el clítoris, y, a veces, ¡zas!, orgasmos que viene, que llega, que explota; ¡Oh my God! ¡Definitivamente!
La excitabilidad, sensibilidad y goce del clítoris están garantizados por ser el receptor de millones de terminaciones nerviosas y reflejos emocionales que confluyen en su diminuta estructura ―por eso manda más energía que dinamo de Jet―; mas su equivalente masculino no llega al tres por ciento de esa fuerza explosiva y sensitiva del clítoris. Asimismo, esa excitabilidad y sensibilidad extremas le permite al phallus femenino responder a los estímulos de cualquiera de los cinco sentidos; igualmente, al sexto sentido de la imaginación, y al sin sentido del interés ―lo que no justifica desde ningún punto de vista la afirmación de Freud de que las mujeres sienten envidia del pene masculino―. Por consiguiente, muy a pesar del orgullo masculino, el clítoris o pene femenino es excepcional; esto a pesar de que tienen un origen común y que comparten mucha similitud, pues, lo que al clítoris le falta en tamaño le sobra en funcionalidad. En consecuencia, el clítoris no sólo participa en la excitabilidad, sino que supera a su equivalente masculino en sensibilidad y placer. Si comparamos al pene masculino con el pene femenino, indudablemente, los hombres llevamos las de perder, encontramos una diferencia abismal, veremos que nos lleva una morena; pues sería como comparar a un arcabuz con una ametralladora; luego comprobamos como el arcabuz es un arma de fuego antigua que dispara un tiro a la vez, a continuación hay que cargarla de nuevo para el siguiente tiro ―si la pólvora no falla, por supuesto―, mientras que, con la ametralladora se hacen cientos de disparos sucesivos y sin ningún esfuerzo. ¡Así está las cosas!
El clítoris ama con los seis sentidos y todas las inteligencias, particularmente, con el sexto sentido y la inteligencia emocional. Las afirmaciones: «yo tengo un sexto sentido, yo tengo una corazonada» tienen una característica muy femenina; es decir, yo tengo un clítoris, en consecuencia, soy dueña de un superórgano; además, tengo un olfato muy certero para decidir sobre el amor. En definitiva, un clítoris sólo puede ser sinónimo de mujer, es el distintivo femenino por excelencia.
El clítoris ama y odia con igual intensidad; llora de tristeza o de felicidad; es el esclavo incondicional que cumple todos los deseos de su ama; su autoestima, a un mismo tiempo, es frágil como el cristal y fuerte como el acero; asimismo, es capullo que florece feliz con el amor, pero si lo hieren sufre de ostracismo; es como un perro fiel que acepta todo tipo de caricias, y los golpes duros del vaivén copulativo; a veces, vive inadvertido hasta de su propia dueña; finalmente, para su desgracia, ha sido duramente castigado por tradiciones mutiladoras.
Clítoris, ¡ah malaya uno! Sería maravilloso que en la parte final y superior del pene tuviésemos un clítoris uñoso, que en el momento mortal del amor se produjese un contacto eléctrico entre ambos y que al unísono pudiésemos ver un universo de luces de colores.
Todo clítoris constituye en sí un gran misterio. Y,

¿QUÉ HAY DENTRO?

El secreto mejor guardado de la naturaleza
La piedra filosofal
El misterio de la vida y la muerte
Una rosa azul
El mapa de los puntos eróticos
La mar de la felicidad
Una noche cerrada sin puertas
Un grito del alma
Un volcán en erupción
El Universo sin tiempo
El amor en carne viva
Energía pura
Un tesoro orgásmico
Todo el oro de Venus
El último unicornio
Ninfas de ágata
Afrodita con sus delicias
Lo que nos queda del Paraíso
La nota que faltaba
El sexto sentido
Los secretos del kamasutra
Los hilos que nos comunican con la luna
La estela de un cometa
La sabiduría de Salomón
La espada de Damocles
El Aleph del amor
Un sendero sin fin
La sonrisa de la Mona Lisa
Una cadena de gritos
Una gota de amor y otra de odio
Una ristra de gemidos
El centro del universo del placer
El receptor de todos los sentidos
Algo tan inflamable que se enciende con una mirada
Un punto de locura
El amor perfecto
La caja de Pandora
Toda la verdad sobre el Yin
La fuerza gravitacional del Yang
La verdad sobre el androginismo de Apolo
Un grano de barro de la costilla de Adán
El asa de la taza
Algo que se hincha de felicidad
La última nota del amor
Un átomo del Big Bang
Una gota de perfume del Jardín del Edén
El guardián de la concha
Un jardín con mil aromas
Un interruptor que lo enciende y lo apaga
El punto G

domingo 21 de febrero de 2010

MONÓLOGO DEL P... DOCE

DOCE

MACHO MACHO

“Las mujeres están siempre predispuestas a odiarse entre sí; sólo ahora entiendo por qué a veces nos llevamos tan mal: ellas odian la parte de mujer que hay en cada hombre”.


¿Qué somos, otra variedad de mujer? Es amargo, pero no estamos destinados a ser hombres por completo, sino otra forma de ser mujer; sólo el día que nos quitemos equis (X) parte de nuestro cuerpo dejaremos de ser hombres a medias y resucitaremos machos por entero. Dios no se equivoca jamás, y, natura non facit saltus; sin embargo, hay una realidad que clama por una explicación convincente. ¿Será que en algún momento de la evolución la sabia naturaleza sí produjo un error de cálculo genético en el macho humano? Ahora bien, ¿ha existido el varón que no haya poseído el cromosoma X? Adán, quizás; quien no fue engendrado sino creado; ése sí fue un macho verdadero. Pero a sus descendientes, ¿cómo nos afecta el cromosoma X? El sexo femenino (XX), ¿es el sexo perfecto? ¿Por qué ellas no producen óvulos con cromosomas XY, y así la determinación sexual sería más casual?
Al respecto, la ciencia nos da la información precisa: En los humanos, las hormonas ―en especial la testosterona― que intervienen en la diferenciación sexual y en el desarrollo, son los andrógenos. “En los embriones cuyo sexo no está aún diferenciado, la testosterona estimula el desarrollo del sistema de los conductos del Wolff, precursores del aparato reproductor masculino. Más tarde, la testosterona, junto con las gonadotropinas secretadas por la glándula pituitaria, estimula la espermatogénesis. Asimismo, se cree que el sistema de conductos de Müller, precursores embrionarios del aparato genital femenino, se diferencia de forma espontánea, sin la intervención de un estímulo hormonal. Cuando el sexo de las hembras está ya definido, el estrógeno, que se produce en los ovarios y en la placenta, desempeña un papel preponderante en el desarrollo y en el funcionamiento del aparato reproductor femenino”.
Por lo visto, para que un óvulo termine siendo embrión masculino no es suficiente que un cromosoma (Y) lo fecunde; si no que debe producirse, además, un estímulo hormonal preciso; es decir, que es algo complejo, pues, un gen llamado SRY del cromosoma Y debe estimular a las gónadas embrionarios destinadas a convertirse en testes, las cuales deben producir testosterona, hormona masculina de las llamadas andrógenos; en tanto que, para que se convierta en sexo femenino no se requiere ningún estímulo hormonal; es decir, que es espontánea.
Por lo tanto, en la determinación sexual humana, lo predeterminado es ser mujer, en consecuencia, todo hombre lleva una mujer por dentro, y todo como secuela de equis parte femenina que llevamos por dentro. Derivación directa de ello es que la emasculación temprana produce un desarrollo físico femenino, e incluso, la castración después del desarrollo también conlleva a una regresión a la feminización. Los eunucos no sólo tienden a la homosexualidad, sino que adquieren una fisonomía andrógina. Los hombres estamos peligrosamente expuestos a la metamorfosis sexual; mejor dicho, a la regresión al sexo predeterminado. El peligro también puede estar determinado por un error hormonal, ya que, una falla de testosterona en la etapa embrionaria hace que se imponga una producción de estrógeno que puede conllevar a un posible seudohermafroditismo, o quien iba a ser varón termina en una hembra con vagina, pero sin ovarios ni matriz; o, quizás, un genuino marimacho; esto es, una mujer produciendo testosterona porque inicialmente iba a ser hombre; o tal vez, una mujer estéril porque sus ovarios están atrofiados, pues, de acuerdo a su fecundación (XY) iba a ser varón. Además, está tan arraigada la predeterminación femenina que en cualquier momento de la vida adulta al hombre que se le suministre dosis de estrógeno puede producirle esa metamorfosis sexual; esto es, la conversión física al sexo femenino. Este es el recurso que emplean los transexuales. ¿Es que la naturaleza ha creado en los machos humanos una hibridación sexual?
Mire bien a su alrededor, es posible que esa hermosa hembra que acaba de ver sea en realidad un prototipo masculino frustrado por un error hormonal; o que sea un eunuco o un transexual. En la India hay una categoría social de apariencia femenina denominada hijra, que en realidad son hombres castrados en la niñez. Se dice que durante la edad media, en los coros monásticos y catedralicios las voces altas y de contralto las hacían los eunucos porque no les estaba permitido a las mujeres hacerlo; asimismo, las monarquías también han usado a lo largo de la historia a los eunucos como acompañantes de las féminas de la realeza.
Un caso muy distinto lo constituyen los homosexuales que, sin ocultar su aspecto de hombre, solamente imitan la feminidad queriendo agradar a los otros varones, ya sean homosexuales, heterosexuales o bisexuales. Pero, en fin, no es el caso que interesa en el presente tema referido a los machos machos.
Sin embargo, dice Freud: «Más aún: nos hemos habituado a reconocer en todo individuo cultural cierta medida de represión de impulso perversos, de erotismo anal, homosexual, etc.».
Ahora es su turno, ¿qué piensa del sexo masculino? ¿Somos tan varones como creemos? ¿Cree que debemos redefinir el concepto de macho? ¿Será verdad que todo hombre lleva una mujer por dentro?

jueves 18 de febrero de 2010

MONÓLOGO DEL P... ONCE

ONCE

“Por fin lo comprendo, las mujeres en verdad son de Venus”.


COMO HACERLA FELIZ PARA SIEMPRE

¿Se puede hacer feliz a una mujer y no morir en el intento?
Sí. ¡Claro que sí! Es la cosa más sencilla del mundo. Lo único que tenemos que hacer es dejar de lado a una insignificante categoría de mujeres imposibles; es decir, tenemos que olvidarnos de las histéricas, las ambiciosas, las inconformes, las neuróticas, las arribistas, las celosas, las ninfomaníacas, las heteras, las vanidosas, las andrólatras, las beatas, las religiosas, las presumidas, las prejuiciosas, las engreídas, las lesbianas, las marimachas, las sexistas, y sobre todo, las regañonas, las bravas (cuaimas). Tal parece que la lista de exclusión se lleva el noventa y nueve por ciento. Se ve un tanto desalentador, no se preocupe, queda una de cada ciento, y ésa, es precisamente la suya. Bien, todo esto es exagerado, no en las cualidades, por supuesto, sino en la cuantificación. Por suerte es sólo un reducido grupo femenino el que reúne muchas de estas cualidades; esto es, que una sola puede reunir en sí misma muchos de estos bellos atributos; y ésa, es la que tenemos que evitar; o en todo caso, si usted tuvo la desdicha de que le tocara una en suerte, hágase a un lado, no le conviene; a menos que sea un masoquista y testarudo enamorado, entonces, ¡súfrala, y sea feliz! Las demás son todas adorables. Pero para que no se le vuelva la vida de cuadritos tratando de conseguir la mujer ideal, lo invito a seguir este acertado consejo: “Opinión fue de no sé qué sabio que no había en todo el mundo sino una sola mujer buena, y daba por consejo que cada uno pensase y creyese que aquella sola buena era la suya, y así viviría contento”. Cervantes-Don Quijote.
Los hombres vivimos profundamente preocupados por la felicidad de ellas. De corazón deseamos verla feliz, eso no proporciona mucha tranquilidad y estabilidad emocional. Pero la verdad es que somos ciegos, básicos, elementales; reducimos la felicidad de las féminas a que tengan satisfechas las necesidades ordinarias cotidianas: techo, comida, vestido, y algo de sexo.
Es innegable que somos seres emotivos, por eso vivimos bajo el dominio exclusivo de las emociones; siendo en consecuencia, nuestra cualidad humana más cara. Ahora bien, la racionalidad nos permite comprenderlo; pero no somos seres sólo racionales, de ser así, seríamos como máquinas pensantes, precisamente la emotividad nos aleja de lo instintivo de los animales y de la perfección y frialdad de las máquinas.
Las mujeres dicen tener un grado de sensibilidad emocional más desarrollado que el de los hombres y se declaran sensibles; es decir, que sus emociones tienen una fragilidad muy especial que se quiebra fácilmente; por consiguiente, requieren de una atención especial, constante y exclusiva para que sus emociones sean estables. ¿Será eso lo que los hombres no comprendemos? ¿O quizás esa atención perenne termina por agotarnos? Parece complicado, ¿verdad? ¿Tenemos que hacer un sacrificio extenuante para mantenerla contenta? Algunos, como se dice, no se la calan y renuncian; otros, las tratan a las patadas, y ellas parecen contentas; también hay quienes se parten el lomo tratando de complacerlas y lo único que consiguen es un mal trato. ¿Por qué son tan complicadas las relaciones afectivas entre las parejas? Para resolver nuestras diferencias, desavenencias y desigualdades nos amparamos en un sentimiento difícil, frágil y escurridizo como lo es el amor. El amor todo lo perdona. Quien ama comprende, quien comprende todo lo perdona. Pero el amor necesita de una ceguera absoluta y de un sacrificio constante; además de la renuncia incondicional del yo. Somos una sola carne; esto es, yo dejo de existir y soy lo que tú quieras. Cuando coincidentemente ese sentimiento es recíproco ―ideal de todo el que ama―, nadie duda de lo extraordinario y maravilloso que es el amor. Pero dejemos de lado lo excelso y sublime del amor puro y recíproco, o idílico, o platónico o literario y vayamos a las complejas relaciones cotidianas de parejas ordinarias. Algo así como decir, bajemos de las nubes y pongamos los pies sobre la tierra. Averigüemos qué hace feliz a mi mujer y cómo conseguirlo. Como partimos del supuesto de que ya se tiene pareja, por tal motivo dejamos de lado la etapa de la seducción, eso, es etapa ya superada. Primer gran error masculino. Es así por dos razones: una, para ella la seducción debe durar toda la vida (no olvidar los detalles y galanteos); y dos, porque debemos aprender que la mujer elige al hombre que ella quiere que la elija; que ¿cómo ocurre eso? Simple, ella se fija en ti, luego envía las señales y prepara la red. (Exceptuamos al gran seductor y al chulo; también a las grandes estrellas del arte y a los millonarios). Sigamos, ahora digamos que si tienes pareja es porque alguna cualidad especial ha visto ella en ti después de haberte visto y olido, sentido y presentido, gustado y degustado, palpado y sopesado, oído y analizado, medido y valorado; es decir, que después de un análisis profundo, consciente y emocional ella ha decidido ponerte a prueba. Pero ten en cuenta que la entrega femenina va en cuentagotas. No nos equivoquemos que porque una mujer nos ha abierto las piernas eso implica que su corazón también está de par en par, nada va incluido, todo a su tiempo; he ahí el detalle de la continuidad que ella exige.
Continuamos en el mismo supuesto de pareja, donde durante un tiempo todo parece diáfano, armonioso, comprensible y estable; pero, aunque no te hayas percatado por ser casi imperceptible, se han operado cambios. Puedo admitir que el amor se haya ido, lo que no me perdonaré jamás es el no haberme dado cuenta que se estaba muriendo poco a poco. ¿Qué pasó? Pero si todo estaba bien, ¿cómo no puede darme cuenta? ¡Dios, qué hizo de mí la costumbre!

¡CÓMO NO LO DIJE SIN FIN VECES!

Te amo
Te extraño
Me haces falta
Pienso en ti todo el tiempo
Estás siempre en mi mente
La vida es difícil sin ti
Necesito tu calor
No me dejes
Siempre a tu lado quiero estar
Hasta que la muerte nos separe
Mi vida, esta noche sí
Estás hermosa
Nadie como tú
Hasta que te encontré…
Sin ti no soy nadie
Te quiero y te querré
Te quiero mucho, te quiero mucho, mucho…
Todo el día he pensado en ti
Sin tu amor me muero
Me haces tan feliz
Eres la persona que más amo en el mundo
Mi vida, mi cielo, mi todo…
Contigo conocí el amor
Te deseo
Eres lo máximo
Tengo la mujer más bella del mundo
A tu lado no pasa el tiempo
Estando contigo me olvido de todo
Nunca me voy a separar de ti
Cada día te veo más bella

lunes 15 de febrero de 2010

MONÓLOGO DEL P... DIEZ

DIEZ

“A veces, una cosa ves, y otra es”. Refrán.


SEXO FUERTE

La verdad sea dicha y aceptada sin pudor, somos verdaderos títeres en orden al poder y la fuerza sexual. Nos parecemos a un reinado meramente decorativo, donde el verdadero poder lo detenta otro. Es en esto donde definitivamente nos parecemos a un juego de ajedrez, somos el rey, pero un rey maniatado en sus movimientos; en verdad, toda la libertad de movimiento lo detenta la dama que, además, como Ave Fénix, cae y resucita; mientras que el rey cae y listo, se acabó.
Dependemos de una buena carga de testosterona, un excelente torrente sanguíneo, tranquilidad emocional, condición física adecuada y esa oportunidad precisa y necesaria.
Es cierto que durante muchos años hemos tratado de suplir o disimular esa inferioridad y dependencia haciendo uso de la fuerza física, el dominio a lo bruto, sometimiento a la fuerza. Eso ha aplacado nuestros miedos, ha sido una engañifa necesaria para disimular o esconder nuestra inferioridad. Pero lo hemos tenido que pagar con creces, pues, siempre nos ha asaltado el temor de que en un momento determinado se nos exija demostrar dónde está el verdadero poder. Ellas siempre han estado conscientes de ello, sólo que nos han dejado alardear; sin embargo, como siempre han tenido ese conocimiento recóndito, ha sido inevitable que no hayan movido los hilos a su favor. La humillación de ver el alarde del poder hurtado, el uso continuado de la fuerza bruta, esa violencia soportada con estoicismo durante siglos, siempre ha sido sutilmente vengada; o en todo caso, soportada por el beneficio de la protección que siempre ha brindado el macho fuerte. Ahora bien, como siempre han conocido la debilidad del verdugo y, en consecuencia, conscientes del poder verdadero, ellas no han dudado en consumar su dulce venganza. Para ello no ha sido menester disponer de gran inteligencia, ya que, la mujer más inocua siempre ha sabido usar bien sus armas, y en esto ha demostrado una inteligencia superior al hombre. Y, ¿qué es lo que ha tenido que hacer? Simple. Usar su cuerpo, y ni siquiera es necesario disponer de belleza alguna. Es aquí donde la mujer más simple es capaz de dominar y ser superior al hombre más culto y sensible. Sí, podemos aceptar que la belleza sea el arma principal de seducción femenina; pero para la ceguera erótica del hombre no es exclusivamente necesaria. Nuestra burda utilización de los sentidos nos vuelve presa fácil de la más simple argucia de seducción de la mujer; si bien nuestro erotismo depende en buena medida de la vista, no dejamos de ser miopes ante la más simple argucia de la añagaza de las féminas.
Ahora que, en el terreno netamente sexual, al momento de la prueba máxima de dominio, siempre llevamos las de perder. Todo se reduce a mero alarde, puro cacareo; nos parecemos al pavo envalentonado que al menor enfrentamiento amaina la cola. ¿Será que fuimos hechos nada más que para cumplir la función reproductora? ¿Somos tan básicos? Mientras que las féminas están capacitadas para la reproducción y el placer; por eso es que ellas pueden apreciar toda una gama de sensaciones y emociones ricas en placer, ya que pueden percibir todo un mundo de sabores, fragancias, sonidos, sensaciones y palabras. Ellas van al acto amoroso con todos los sentidos alertas, conscientes de lo que hacen, es por eso que saben valorar y valorarse. Nosotros nos vamos de bruces, escasamente vemos el objeto erótico, esto es, el cuerpo. No obstante, se nos embotan los sentidos y se nos nubla la mente. Hablamos de cazar al tigre, pero al momento de la cacería lo queremos atrapar con las manos limpias, luego, por lógica, terminamos en sus fauces. Somos sólo indefensos pajaritos a merced de la habilidad del gato, nuestra defensa no es otra que la de comer y estar atentos para volar.
También tenemos una emotividad de cristal. Si una mujer quiere desbaratar la demostración de alarde de un hombre, le basta con una mirada de burla o conmiseración del pene, o un gesto de menosprecio. De otro lado, puede ser que le exija más, que le rete a demostrar su virilidad, o que simplemente lo atosigue de ofrecimiento.
Tenemos grandes carencias, no sólo en capacidad emotiva y sensorial donde Eros nos dejó de lado, sino también físicas. No tenemos erecciones prolongadas y repetitivas ni eyaculaciones múltiples. El harén no es más que un infantil sueño erótico para disponer de variedad y no para demostrar virilidad. Ya resulta harto difícil mantener contenta a una sola, qué tal un gran número. Mientras que, sin ser ninfómana, una mujer puede despachar a uno tras otro cuando así lo quiera, y todos contentos; o simplemente para humillar a un hombre, nada más tiene que pedirle o decirle que quiere más, y otra vez más, y ya, él no tendrá ninguna otra opción más que rendirse y aceptarlo, no puede.
Ya es hora de que lo aceptemos sin pudor ni vergüenza, el sexo fuerte es cosa de hembras.

miércoles 10 de febrero de 2010

MONÓLOGO DEL P... NUEVE

NUEVE

“Soy un helado. Un helado cálido, tierno y sensible, soy esbelto y apetecible. Soy lo que quieres lamer o chupar; me hago grande en tu boca. Soy un pene”.


Para mí constituye un premio muy especial recibir una caricia oral. Antes, durante y después del coito nada es tan grato como una buena… Me gusta, definitivamente que sí. Es maravilloso recibir una succión, no importa si es suave o fuerte, o sólo lamido, siempre será divino. ¡Ah divina fellatio! Es sublime y excitante ver subir y bajar una boca ansiosa, unos labios suaves, esa lengua húmeda y el aliento tibio; y ver como parte de mi cuerpo se pierde en tus fauces. No te veo como a una esclava cuando estás de rodillas frente a mí haciéndome sexo oral, muy por el contrario, eres la dueña de todas mis emociones, en ese momento tienes en boca toda mi fuerza varonil; eres mi dueña, me dominas: ¡ahhh!, me voy.
¿Usted qué opina? ¿Cómo lo prefiere?

¡AH DIVINA FELLATIO!

Con almíbar de fresa
Con leche condensada
Con saliva pura
Con ganas locas
Despacio
Boca ardiente
Licor de menta
Garganta profunda
Con lamidos suaves
Chupar sólo la punta
Mordiscos cariñosos
Como una becerra
Sin parar
Con lengua inquieta
Con cerveza helada
Una boca refrigerada previamente
Crema de helado
Sin olvidar las bolitas de chocolate
Succionando, succionando
Sin chicle
Como quieras
Con los ojos cerrados
Como si estuviera por acabarse
Con todas las ganas
Con miel de abejas
Con el dulce que tú prefieras
¡Como gustes!
A tu elección
Sin asco
Con adoración
Con ansiedad
Con toques suaves de labios encendidos
A cualquier hora
No me importa
A dos bocas
Hasta que acabe
No sé
No lo he pensado
Sin derramar nada
Es un asco

lunes 8 de febrero de 2010

MONÓLOGO DEL P... OCHO

OCHO

En ningún hombre normal falta una agregación de carácter perverso al fin sexual normal”. Sigmund Freud.

VESTIDO DE FIESTA

Sólo la imaginación nos puede salvar del hastío. El sexo, a pesar de ser la sal o la miel de la vida, no escapa al tedio de la rutina. Una de las principales causas de infidelidad es ocasionada por la monotonía sexual, dicen los versados. Pero es difícil saber qué es lo que quiere tu pareja, a excepción de que expresamente haya una comunicación sincera sobre las fantasías eróticas; sin embargo, hay fantasías eróticas irrealizables ―por equis razones―, esto por un lado; y por el otro, porque el temor a la incomprensión impide la confesión sincera.
Ahora que, la decisión de poner en práctica una fantasía erótica puede surgir como resultado de una disposición individual porque quieras sorprender, por pedimento de tu pareja o porque ambos lo convengan. No obstante, al final, debe existir el factor sorpresa para que dé los resultados queridos.
Bien, si un buen día has de recibir o dar la sorpresa de un pene disfrazado, ¿cómo pudiera ser este disfraz?, ¿de qué te gustaría que se disfrace?, ¿qué disfraz elegirías para sorprender?
Las propuestas del autor están lejos de agotar la imaginación erótica; algunas son nada más que una traza poética, en consecuencia, irrealizables en la práctica. Pero no por eso dejan de complacer o satisfacer la fantasía erótica. ¿Querías un pene disfrazado de tarde de toros o de largo suspiro? Sólo imagina. Ya existes, ahora piensa.
Como en todos los apartados de este libro, su conclusión está supeditada a que exprese su opinión; bien eligiendo entre las propuestas del autor, o proponiendo la suya.



¿QUÉ DISFRAZ PREFIERES?

Forrado en piel de anaconda
De gato que duerme
De palito chino
Gemido profundo
Largo suspiro
Inquietud visceral
Báculo de Moisés
Varita mágica
Bate de Galarraga
Obelisco
Chupeta de cereza y chicle
Envuelto en cuero negro
De barquilla
Anillado con donas
Manguera de bombero
Árabe con turbante
De Batman
Bañado de miel
De viaje al infinito
Una larga delicia
Cohete rumbo a Venus
Pajarito alegre
Colina inalcanzable
Hijo de puta
Brandt Pitt
Jeque
Unicornio
Tarde de toros
Espada de gladiador
Explorador de grutas
Serpiente domesticada
Trompa de elefante
Entrega incondicional
Mío para siempre
Algo que cause dulce martirio
Bienmesabe
Cosa rica, rica, rica…
Listo para chupar
Suspiro del alma
Horizonte en mis manos
Algo que te llene la taza
Martillo para clítoris
De rompe virgos
África indomable
Vaivén que estremece
Bolero baila pegado
Condón con espinas
Una cinta roja
Anillos de plata
De perro caliente (hot dog)
Salchicha alemana
Bañado de chocolate
Con un corbatín
Un pañuelo de seda
Lubricado con miel
De Pedro Navaja
Con lentejuelas de colores
Con aceite de almendras
De pintalabios rojo
Envuelto en mi bandera
Tatuado de tigre de bengala
Empapado en licor dulce
Con casco de guayaba y queso crema
De muñeco de nieve con crema de afeitar
Algo fácil de chupar
Listo para hornear en tus entrañas
Cambur con leche condensada
Palito Ortega
Verdugo sodomita
De huérfano que busca una buena mamá

viernes 5 de febrero de 2010

MONÓLOGO DEL P... SIETE

SIETE

EL NATURAL OLOR

“Ningún perfume me excita más que el tuyo”.

El pene pertenece al mundo de las cosas inodoras, esto es, que no huele a nada; claro, lavado. Los hombres no tenemos almizcle, todo lo contrario de las vaginas que sí tienen su olor característico. Esto, por supuesto, sería absolutamente cierto si los orines fueran inodoros, el semen no tuviera un aroma específico, el glande no guardara bajo el prepucio un sebillo aromático y los testículos no se aromatizaran con el sudor. Pero en realidad el pene puede oler a lo que huele el dorso de la mano, la mejilla, la frente… No somos como ellas, que parecen guardar algo del mar en sus entrañas con toda la gama de sus apetitosos aromas. Pero…, el pene huele a un sinfín de emociones.
La lista que usted leerá a continuación requiere de su aprobación y, además, de esa sugerencia suya que incrementará las propuestas del autor. Ya sabe, este libro le permite votar por las propuestas que le parezcan más atractivas y proponer las suyas propias.

¿A QUÉ HUELE EL PENE?

A vidrio
A fuerza bruta
A hierro candente
Clavo ardoroso
Cosa divina
Fuego en la entrañas
A Antonio Banderas
A tigre
A queso rancio
A una noche de verano
A tallo de nardo
Hongos al vino
A nada
A agua salada
A mí
Torre de Babel
Pulpa de coco
Arroz con leche
Bacalao
Noche en el desierto
Tierra de titanes
A azufre
A ensalada de cebollas
A bate de beisbol
A caballo
A condón
¡Diablo!
Kalúa con brandy
Vino tinto
Whisky en las rocas
Calorcito suave
Cazuela de mariscos
A toda velocidad
Algo desconocido
Perfume por descubrir
Nido de gorila
Fuente de placer
Chupete y rechupete
Tierra mojada
Narcisos níveos
Pájaro de cristal cortado
Volcán en erupción
Ristra de ajos
Clavo al rojo vivo
Collar de cebollas
Sol de mediodía
A ojo de tigre
Merengue de frambuesa
Barquilla derretida
Chocolate blanco
Cometa que pasa
Marciano enamorado
Yogurt natural
Bahía azul
Ostras alegres
Risa de tiburón
Perros anudados
Al primer beso
Amanecer llanero
Salitre de Sodoma y Gomorra
Incienso de naranja
Orines, nada más
Selenita enamorado de la luna

lunes 1 de febrero de 2010

MONÓLOGO DEL P... SEIS

SEIS

“No hay hombres impotentes sino mujeres sin maña”.

MIS TEMORES, MIS TERRORES

Este apartado está dedicado especialmente a los hombres que por alguna circunstancia padecen de disfunción eréctil, motivo por el cual, amigo lector, le ruego que si se siente aludido nos haga saber su experiencia.
Nada puede ser más auténtica que la erección del pene. En consecuencia, nadie puede fingir nunca una erección. La erección se tiene o no se tiene. Ellas jamás tendrán ese problema; no obstante, a veces no comprenden y se irritan, y no lo perdonan.
Es definitivo, no puede haber penetración si el pene no está erecto, o al menos, semierecto; pero de todas formas requiere la firmeza necesaria para poder penetrar; lo podemos comparar con el hecho de tratar de enhebrar una aguja con un hijo demasiado largo, necesitaríamos de una magia especial para que la hebra de hilo se mantenga extendida, estirada, recta para introducirla en el ojo de la aguja. Algo así como el famoso acto de magia india; ingeniosidad donde una cuerda se eleva desde un cesto obedeciendo una música especial y luego una persona trepa por ella.
Nunca podrá haber mayor vergüenza y frustración para un hombre como la de comprobar que no consigue le erección. Hoy se le dice disfunción eréctil, algo así como que el mecanismo de erección no funciona. ¿Cuál mecanismo? ¿Hay alguna máquina dentro de nosotros que se apaga y se enciende por medio de un interruptor? ¿Qué es lo que falla?
Probablemente las mujeres jamás lleguen a comprender cuánto padece un hombre su falta de erección. Es posible que sientan conmiseración y traten de consolarnos; pero no alcanzarán a entender jamás ese estado de frustración e impotencia que experimenta un hombre ante el penoso fracaso sexual. En definitiva, ¿se puede hacer el amor sin que haya penetración debido a la imposibilidad de erección? Algunos entusiastas opinan que sí. Pero eso sería algo así como asistir muerto de hambre a un suculento almuerzo y limitarse sólo a mirar la comida y beber agua. ¿Qué tal eh? ¡Cómo la ves! Pobre consuelo, ¿no?
¡Qué suerte tienen las mujeres! Ellas no necesitan que un colgado nervioso y forrado en un pellejo arrugado reciba una descarga de sangre a toda presión para que salga de su estado inerte, flojo, fofo, flácido y se ponga erecto, y luego se mantenga así durante un lago tiempo, o al menos, el tiempo necesario para el coito.
A pesar de que una erección es la cosa más natural del mundo, algo que ocurre con mucha frecuencia y de forma espontánea, instintiva, y en ocasiones, casi involuntaria; no obstante, a veces se requiere del estímulo preciso, el momento oportuno, la persona adecuada y la condición física necesaria. También somos sensibles. La cuestión es, ¿somos iguales o hay marcadas diferencias sexuales? Una mujer puede iniciar al coito sin ninguna excitación, sólo un poco de lubricación, que puede ser algo de saliva; sin embargo terminar en un placentero orgasmo. Un hombre jamás lo podría hacer porque necesita de la dureza necesaria para la penetración; un pene sin erección es una cosa flácida que sólo se podría refregar, untar, pasar como una brocha.
Las mujeres asocian al amor con el deseo erótico, y éste con la erección; en consecuencia, si un hombre le ama también la desea profundamente, por consiguiente tiene una excelente erección. En el caso de que la relación sea ocasional, al menos espera despertar un gran deseo erótico. Definitivamente, ellas siempre esperan que la erección sea excelente, que al momento de la penetración el pene esté bien duro; además, que se mantenga así durante mucho tiempo. Una erección prolongada le sugiere un deseo prolongado, es más, le garantiza su propio placer. Si la erección falla es porque no hay amor ni deseo, y eso la irrita mucho.
El hombre ante la aparición de la falta de erección comienza por alarmarse, luego le da miedo, ese temor lo conduce a la angustia, la angustia lo desespera y lo frustra; y, al final, eso lo mata.
Somos vulnerables, no lo podemos evitar; en realidad somos más débiles que ellas. Nuestra fuerza sexual no es más que una coraza de hojalata tan quebradiza como una galleta; por consiguiente, una mínima burla, una risa despectiva, una mirada insidiosa o un reto nos pueden desbaratar como a un castillo de arena. Como nuestra sexualidad es externa, la erección debemos exhibirla en toda su magnitud, a ojos vista, se demuestra con hechos. No obstante, las fallas se presentan.
Respondiendo a la incógnita de por qué fallamos, a continuación veremos una serie de propuestas que tratan de recoger las posibles causas de disfunción eréctil, así como los sentimientos de frustración que ocasiona en el hombre. Su orden es aleatorio, esto es, que no reflejan, por ahora, un orden prioritario ni cardinal de las causas que producen las fallas del pene. Sé que la lista que usted leerá a continuación no recoge en su totalidad las causas de la disfunción eréctil, en consecuencia, se requiere de su experiencia personal; es por eso que le pido su sincera opinión. Pero, también puede participar eligiendo entre las propuestas del autor y así tendremos en el futuro un orden prioritario de las causas de la falta de erección del pene, ya sean ocasionales o patológicas.

EL CUÁNDO, CÓMO Y POR QUÉ

La maravillosa primera vez
Por miedo
Una mala experiencia anterior
Complejo de inferioridad
Me cuesta creer que lo haya conseguido
Mis sentidos no andan bien
Estaba muy ebrio
Talo vez tenga algún problema
Fue tan fácil que temí enfermarme
Estaba pensando en mi pareja
Me aterra el sida
No era de mi total agrado
Su almizcle era muy fuerte
Parecía que había algo podrido ahí abajo
Soy muy tímido
Era tremenda hembra, me asusté
Estaba angustiado, era casada y estábamos en su casa
Lo había hecho hacía poco
Estuve trabajando muy duro todo el día
Era muy gorda
No me gustó cuando la vi desnuda
Temía preñarla
Sentía que era poca cosa
Estaba tan desesperada que me asustó
Nunca he podido con putas
Era tan tímida que me enfrió
Estaba tan niña que me aterré
Desde que la besé y no sentí nada, ya sabía que no iba a poder
Creo que ya me estoy poniendo viejo
Estuve mucho tiempo sin hacerlo
No lo necesito, soy marica y no me importa
Mi corazón falló hace poco, y eso también
Mi mujer me dice que soy poco hombre,
ahora no puedo con ninguna
Pienso que ella no va a llegar al orgasmo,
eso me atemoriza y predispone
Ella me baja la autoestima con su crítica a mi tamaño
Su piel estaba horrorosa por las estrías
Tenía un clítoris demasiado grande
No lo sé

jueves 21 de enero de 2010

MONÓLOGO DEL P... CINCO

CINCO

“Cuando la naturaleza llama para cumplir con la propagación de la especie, nace el amor”.

ESTÍMULOS: SEXO EN TODOS LOS SENTIDOS

¿Fisgón yo? Detesto que me llamen mirón, o en el peor de los casos, que mi necesidad de ver se le tilde de aberración, desviación o enfermedad. Me gusta ver. No sólo me gusta ver, sino que necesito ver; es mi debilidad y no lo puedo evitar; pero no por eso se me califique mal, es algo que viene conmigo. Lo que a ellas les hace voltear la cara, a mí me embelesa. Lo que ellas ven con disimulo, yo lo veo con descaro; es decir, con petrificante obsesión. Justifico la exhibición porque yo quiero ver, ellas lo saben. ¿De dónde me viene tal afición? A lo mejor desde aquel remoto día en que estaba solo en el Paraíso y Dios puso delante de mí la escultural belleza de una Eva en su plácida desnudez. ¿Me comprenden ahora? Íngrimos en el Jardín del Edén, con tan caro regalo que Dios me dio, su orden inapelable de poblar el mundo, Eva en cueros, nunca más le he podido quitar los ojos de encima. Esa primera visión sembró el amor en mis ojos, incendió el erotismo en mi retina, y ahí se ha quedado para siempre; nada desde entonces me hace más feliz que la visión de la figura femenina; llegando, incluso, a conformarme con un mínimo atisbo, por eso no dejo de ver el picón de unas piernas cruzadas. No me imagino ciego, un mundo táctil u olfativo es un mundo sólo femenino.
Pues bien, quiero dejar claro de una vez y para siempre que en el orden de los estímulos que a mis sentidos despiertan, ninguno tan dominante, tan subyugante como la vista, por eso la he puesto en primer lugar.
¿A usted también le gusta ver? ¿Qué opina sobre el gusto de ver al sexo bello?
Sin ánimo de restarle importancia a lo antes dicho, la verdad es que las amamos con todos los sentidos; es decir, nos entregamos de cuerpo entero, nos involucramos por completo, vamos al amor con los cinco sentidos. No obstante, empecemos por la vista.
Las propuestas que leerá a continuación también necesitan de su opinión para que lleguen a estar completas. Si no tiene una nueva sugerencia, por lo menos puede decir cuál de esas propuestas acierta a expresar con mejor precisión el placer o debilidad masculina por ver, acariciar, oler, escuchar, lamer e imaginar al sexo hermosísimo. Sin embargo, últimamente los clubes de strippers masculinos se llenan a reventar, ¿acaso algo está cambiando?, ¿ahora a ellas también les gusta ver?

ME GUSTA VER

Desnuda, que tu figura es sólo hermosura
Desnuda, que tu hermosura es mejor desnuda
El camisón que se desliza por tu espalda
Tu entrega, así sea en otros brazos
La cascada de la cabellera derramada por la almohada
Esa mirada que dice tómame
Ver como enloqueces cuando me cabalgas
A otros cuando lo hacen
Unas piernas cruzadas que muestran algo y nada
Ese contoneo de comadreja cuando caminas
El vaivén de tus caderas cuando bailas
Esas colinas con que adornas tu pecho
Tus labios entreabiertos listos para el beso
La placidez de tu cuerpo desnudo mientras duermes
Mirar entre tus piernas
Tus piernas abiertas en ángulo de 90º
El brillo de tu concha excitada
Tus labios interiores cuando están hinchados
Verte en cuatro
Tu cara sonrosada y distorsionada por el orgasmo
Esas poses, gestos y miradas que me insinúan algo
Esa mirada que dice atrévete

ME GUSTA SENTIR

Tu mano trémula buscando en mi bragueta
Tu lengua cuando nada entre mis fauces
Ese aliento tibio en mis orejas
El recorrido húmedo de tu lengua por mi cuello
El mordisqueo juguetón por mis nalgas flacas y escurridas
Ser barquilla entre tus labios
Que me lubriques con saliva
Que succiones con cariño
Que no olvides lamer el par de bombones
Tu mano aferrada a mi tallo endurecido
Tocar tu pubis de rosa
Recorrer con la yema de los dedos tus labios rasurados
Sentir entre mis manos la almohada mullida
de tus hirsutos vellos enmarañados
Tocar esos labios hinchados y húmedos
Mojar mis labios con tus jugos viscosos
Bajar al pozo cuando tus ansias están desbordadas
Bañar mi cara con el mar de tus entrañas
Hundir mi cara entre tus pechos
Lamer la fresa ardiente de tus pezones
Recorrer con mi lengua la geografía de tu garganta
Entrar de cuerpo entero en tus entrañas
Cabecear el cuello de tu útero con mi glande
Entrar y salir y entrar y salir en dulce vaivén
Llenar la ansiedad de tu vagina cuando grita de espasmos
en el mortal y sublime momento del orgasmo
Descubrir con la lengua la fragilidad de tu clítoris
y la ternura de esos labios abiertos en flor
El calor que me brinda tu cuerpo

ME GUSTA COMO HUELE

Tu piel recién bañada
El marisco fresco de tu concha
Y ese aroma:
A almizcle
A queso
A orquídea
A ansias
A leche cortada
A rosas rojas
A piel de bebé
A cielo azul que se abraza con el mar
A animal en canal
A mar abierto
A sexo puro
A puerto de pescadores
A luna llena
A piel erizada de deseo
A entrega sin límites
A perfume de hembra en celo
A cosa profunda y buenísima
A jardín de confites
A queso de mano de mi abuela
A dicha infinita
A felicidad suprema
A la única fragancia del mundo que excita
A ti

ME GUSTA COMO SABE

El sabor indefinido de tu lengua
El trigo maduro de tu piel
El jugo cristalino de tus entrañas
Esos melones coronados con duraznos
La fresa delicada de tu clítoris
La dulzura infinita de tus labios interiores
El mar que ocultas dentro de ti
El jazmín de tu saliva
La llama encendida del lóbulo de tu oreja
La lozanía de tus muslos
La cuenca de tu cuello cuando la cabalgo con mi lengua
Me gusta cuando sabes:
A marisco
A queso
A agua fresca
A primavera
A piel encendida
A guayaba madura
A manjar salado
A agua de coco
A coñac en noche de invierno
A champaña de aniversario
A vino de Italia
A almizcle narcotizador
A sueños infantiles
A helado de chocolate
A chocolate caliente
A paella española
Al Paraíso después del pecado original
A miel de África

ME GUSTA OÍRTE

Tu voz será siempre canto de Ninfas, será el mejor estímulo para mis oídos, no pares de hablar mi amor, que tu voz es música a mis oídos; por eso, háblame cuando calles, susúrrame tus emociones al oído, dime las palabras que me hechizan, dime algo sencillo y profundo a la vez, empieza por:

Tómame
Hazme tuya
Sí, para siempre
Quiero hacerte feliz
Abrázame fuerte
Quédate esta noche
¡Oh, sí!
Te espero
¡Vente mi vida!
Eres fuerte
Estás tan duro
¡Oh, qué caliente!
¡Más profundo, mi amor!
¡Te extraño!
Entra
¡Métemela toda!
Soy tuya
Mi amor eterno
Eres el primero
No quiero compartirte con nadie
A tu lado soy feliz
Estás dentro de mí

TAMBIÉN ME GUSTA

A veces tengo que buscar el estímulo que está siempre al alcance de la mano, pero no piense nadie que la autocomplacencia es lo que más me satisface, prefiero pensar que mis manos me ayudan a encontrar el placer; y no quisiera mencionar ese calificativo que parece algo feo, enfermizo, aberrante, pecaminoso y sombrío. Masturbación le dicen los entendidos; el pueblo llano le dice hacerse la paja; en realidad es el primer recurso de la adolescencia, y un deshago para los momentos de soledad o de falta de pareja.
También hay momentos en que me recreo con el recuerdo de lo que hicimos, lo que deseo que hiciésemos o, en definitiva, con lo que sueño hacer contigo, o con cualquiera otra persona. De igual modo, a veces me complazco con alguna pertenencia tuya y hago de ella mi objeto erótico.
No soy libidinoso, pero me complace ver porno
No soy machista, pero sueño con mi harén
No soy fetichista, pero me excita oler tu ropa íntima
No soy sádico, pero gustaría mordente las nalgas
No soy masoquista, pero me gusta que me cabalgues
No soy violador, pero me provocas pensamientos oscuros
Ahora dígame, ¿cree que debemos agregar éstos estímulos como algo enteramente normal? Ya sabe, en cuanto a gustos y colores nada está escrito. Las fantasías eróticas son interminables e incognoscibles; pues bien, ya existes, luego imagina y siente.

viernes 15 de enero de 2010

MONÓLOGO DEL P... CUATRO

CUATRO

Soy grande, soy pequeño, soy un pene”.

ASÍ ES EL PENE

Divino dios Príapo. Así soy. Simplemente soy así. Como cualquier cosa larga y cilíndrica. Falo que folla y falla, a veces. Algo largo y redondeado, así que, cada vez que veas algo con esa figura te puedes imaginar que ese soy yo. Sólo tenga pata, cuerpo y cabeza, por eso cuando me voy de cabeza me llevo todo mi cuerpo y me meto hasta la pata. Me acompañan mis dos inseparables compañeras depositarias de toda mi confianza y poder; sobre ellas reposo en mis horas de sueño, también la arrastro en mis embestidas.
Algunas veces soy como Siberia, que todos saben donde está, pero que nade quiere ver ni visitar. Como no soy vanidoso hablo poco de mi mismo, tampoco me gusta hacerme la víctima. Durante algún tiempo tuve mucho poder, de hecho fui el símbolo del poder, aunque he de confesar que fue un poder usurpado o sólo en apariencia; porque siempre ha sido otra quien ha dominado. Hay día está claro quien manda, por supuesto…
Hace tiempo ya que tres monjas hicieron una apuesta para salir de dudas de cómo era yo. Una decía que era un pellejo inerte; otra, que era un nervio duro; y la tercera, decía que era un hueso. Pues bien, para salir de la porfía me buscaron tras la bragueta de un borrachito. Entonces dijo la primera: «vean, no se los dije que era un pellejo flácido». Todavía dormía plácidamente. Luego me tomó la segunda entre sus manos e hizo que me despertara un poco, entonces dijo: «miren, es un nervio duro, no es ningún cuero flojo ni tiene hueso». Le tocó el turno a la tercera, ya para entonces me había despertado del todo, estaba levantado y duro; y dijo ella: «no les dije niñas que era un hueso, observen lo duro que está». Ella seguía frotando y frotando, razón por la cual dejé escapar toda mi sabia, por lo que ella se declaró ganadora, y llena de júbilo dijo: «¡Yo gané, es un hueso, miren, le acabo de sacar el tuétano!»
La lista que leerá enseguida estará completa una vez que usted, amigo(a) lector (ra), la haya aprobado e incrementado. Dé su opinión, ¡por favor!


SOY ASÍ, ASÍ SOY

Yang en la China
Joni en la India
Largo como suspiro de enamorado
Como tronco de árbol
Como una morcilla
Como un chorizo
Como una salchicha
Como dulce de albaricoque
Como pistilo de flor
Dormilón como una perezosa
Como un cuerno
Rígido como un cadáver
Ardoroso como clavo al rojo vivo
Frágil como un pajarito
Inofensivo
Ávido de caricias
Con dos corazones para amarte mejor
Con lo gorra siempre puesta
Firme como soldado
Siempre dispuesto
Duermo como murciélago, colgado cabeza abajo
Ciego y sordomudo
Entregado por completo
Más dulce que la miel
Sueño de una noche de verano
Complaciente
Sensible a las burlas
Queriendo llenar todos los espacios
Dando siempre por millones
A veces muy tímido
Tomando siempre la iniciativa
Mendigando ser aceptado
Pidiendo algo de comer
Avergonzado por no ser más grande
De cuerpo esbelto y cabeza delicada
Terminado en algo glande
Neurótico cuando el ayuno es prolongado
Espontáneo como la risa de un niño
Fisgón, si me dejan
Fetichista, a veces
Guerrero que sitia y toma su botín
Argos alerta para ver lo que me gusta
Guerrero que es derrotado en todas las batallas
Luchador que emplea todas sus fuerzas hasta el desmayo
Muerto de tristeza cuando no logro levantarme
Un niño que llora y quiere ser feliz en tus labios
Mariposa que pasa
Pez vivo del Mar Muerto
Pargo rosado del mar azul
Pato que emigra
Parchita, sin amarguras
Sensible al vuelo frágil de tus manos
Inocente como las manos de mi abuela en su plegaria
Todo lo que has pensado
Libre como un pájaro
Incomprendido
Arrugado en el frío
¡Vivo de leches!
Explorador del túnel de la vida
Desgarrador de hímenes
Manguera de bombero
Tirando sin ser arma de fuego
Producto para hembras
Indispensable en la reproducción
Una vaca lechera
Soy un perro que lame
Soy feliz

IMPORTA EL TAMAÑO

El único primate que tiene un pene grande es el hombre ―y la ciencia aún no sabe por qué ni para qué; debe de ser que no han oído a las mujeres―; sin embargo, la preocupación más común de la mayoría de los hombres sigue centrada en el tamaño del pene. Según lo ha comprobado la ciencia médica, el tamaño del pene de un hombre adulto es de veintiséis centímetros, de los cuales trece centímetros forman la base interna, y los otros trece centímetros constituyen la parte externa del pene; es decir, el pene propiamente dicho. Quiere decir esto que un pene normalmente es de trece centímetros de largo cuando está erecto, y eso es así en la gran mayoría de la población masculina adulta, sobre todo la asiática; porque la población masculina negra constituye la excepción, pues la parte externa de sus penes es mucho más grande que la parte interna, llegando a medir entre diecisiete y veinticinco centímetros de largo cuando está erecto. ¿Para qué sirve un pene muy grande? ¿Es símbolo de gran potencia viril? ¿Realmente requieren las mujeres un pene inmenso para lograr el orgasmo? Los sexólogos, expertos en la materia, han descubierto que la zona erógena que permite a las mujeres lograr el orgasmo está en los primeros cuatro centímetros de la vagina; pero que principalmente lo alcanzan a través del clítoris, el cual es externo. Entonces, ¿importa el tamaño? ¿Mito o realidad? De todas maneras, los fabricantes de juguetes sexuales tienden a tener preferencia por los de gran tamaño. Mas, la verdad es que está comprobado que los penes grandes dejan de ponerse erectos mucho antes que los de tamaño promedio, esto es así debido a que paulatinamente dejan de percibir una buena irrigación sanguínea. Sin embargo, todos prefieren superar el tamaño promedio de los trece centímetros, ese logro genera mucha confianza varonil. Nadie quiere poseer entre sus piernas un miembro que pueda ser calificado de pequeño, menos uno que pueda ser considerado como mini, eso causa terror al hombre y, quizás, desilusión a la mujer. Porque, no nos andemos por las ramas, ellas son poseedoras de una gran voracidad vaginal y no les importa que los ovarios se los bombeen hasta el cuello. Aunque, probablemente sea cierta la aseveración que alguien hacía en un programa de televisión; el susodicho explicaba que la profundidad vaginal, debido a su elasticidad, podía alcanzar hasta treinta y ocho centímetros. Así pues, tiene sentido la afirmación de una linda, hermosa y famosa actriz y modelo de televisión, quien al responder sobre cuál era su tipo de hombre preferido, dijo: «El que es inteligente de la cintura para arriba, y un burro de la cintura para abajo».
Por último, forma parte de la creencia popular el mito de que es fácil descubrir a simple vista el tamaño del pene de un hombre por algunas señales físicas; en este sentido, se dice que un pie grande es garantía de un miembro grande, lo mismo se cree del hombre nalgón; asimismo, se ha creído durante mucho tiempo que los enanos lo tienen grande; pero ¿es que no importa el tamaño del pie?
Y, ¿usted qué opina?

viernes 8 de enero de 2010

MONÓLOGO DEL P... TRES

TRES

“El odio también sirve para que en nombre del amor los cónyuges duerman juntos”.

¿QUIÉN MANDA?

La humanidad no tiene memoria exacta desde cuando el matriarcado perdió su hegemonía y ellas dizque fueron sometidas bajo la fuerza bruta; es decir, a partir de qué momento se invirtieron los papeles y ellos tomaron el control. Algunos creen que pudo ser desde que nos volvimos sedentarios; esto es, desde que dejamos la recolección y nos sometimos al ciclo de las siembras y la cría doméstica. Pero ¿se produce realmente el cambio de poder? El ejercicio del dominio sobre el grupo social pudo haber sido cedido a conveniencia, o sólo en apariencia; es decir, ellas aceptaron someterse a cambio de protección y suministro alimenticio para sí y su descendencia; sin embargo, quizás siguieron dominando desde la casa, sobre todo porque ellas desarrollaron el lenguaje e impartían las órdenes. Ahora que, desde el punto de vista sexual, ¿qué consecuencias tuvo ese cambio de dominio? Aunque, ¿verdaderamente ha habido algún cambio en el control del poder sexual? ¿Es que no han dispuesto ellas siempre del embrujo de sus encantos y de sus añagazas femeninas? ¿Será que hay una víctima real y efectiva en la interacción sexual humana? Durante buen tiempo ellas lo han asumido así. Pues bien, una vez que alguien plantea una queja sobre algún maltrato se erige en víctima, en consecuencia, sólo nos queda encontrar al culpable.
A continuación veremos los cargos que se le imputan al pene. Van desde quejas simples hasta imputaciones muy graves. Las listas de los cargos no son taxativas, sino meramente enunciativas; es decir, que las imputaciones pueden variar; más si las elabora un hombre.
En esta sección yo asumo la defensa en nombre de ellos, en consecuencia, les corresponde a ellas asumir la función acusadora. Y como dije antes, la lista de cargos lesivos puede variar porque aún no les he dado la oportunidad a ellas de participar en el acto acusatorio. Así que, mujeres, preparen sus argumentos, dejen oír sus voces, aprovechen para desahogarse.
Si este libre llegare a tener alguna virtud consistirá, precisamente, en que lo culminaremos entre todos, en tal sentido, ruego a las mujeres que lo lean que nos dejen saber todo lo que piensan del pene masculino.
Por otra parte, dejo en claro de una vez por todas que las sugerencias están escritas bajo una traza poética; sin embargo, detrás de cada propuesta hay un verdadero sentido o intención que los lectores sabrán advertir. Así también, y como este libre se escribe a sin fin manos, vale decir: con la opinión de todos los lectores, se admite toda clase de propuesta hecha con tal carácter.
Bien, veamos los cargos.
Acusado, póngase parado, digo, de pie. Se oyen los cargos:

CAUSAS LEVES
Ser externos
Vergonzosos
Feos
Pendientes
Despertar en público
Tener hambre a destiempo
Perder el hambre mientras come
Flojedad
Muy deprisa
Perder el tiempo
Salir en público
Andar sin ropa
Comer de madrugada
Pagarse su alimento
Salir de cacería
Comerse la luz roja
Quererlas a todas por igual
No perder el tiempo en pormenores
Saltarse el preludio
Comer carne en cuaresma
Penetrar en carne viva
Vomitar mientras lo bañan para la cena
Derretirse con el primer beso
Falto de firmeza
Estar tibio en momentos de calor
Ser pequeño
Entregarse por entero
Ser un regalado, ofrecido, dadivoso…
Querer estar siempre adentro
Aceptar cualquier invitación a pasear
Decir siempre sí
No esperar en la puerta
Irse de cabeza

CAUSAS GRAVES
Golpear duro cuando se lo piden
Andar buscando piedras sueltas
Arrancar suspiros al alma
Buscar gemidos a cualquier precio
Bucear tras las perlas negras
Meterse hasta el cuello
Entrar y salir a toda prisa
Hacer hasta lo inimaginable para que te vengas
Amar con todo el cuerpo
Elevar suspiros al cielo
Buscar el llanto de las entrañas
Caminar con firmeza en terreno resbaladizo
Bucear sin casco de protección
Acabar con la fiesta apenas empieza
Escapar de casa y ser leño de otra hoguera
Visitar casas de citas
Querer comer a medianoche
Aceptar damas de compañía
Quemar toda la pólvora en un solo tiro
Dejar a alguien con hambre
No esperar el tiempo necesario
Evitar el para siempre
Comer y volar
Amanecer en nido de otro
Dejarla como la pomarrosa: con la semilla suelta
Hablar poco mientras comes
No decir, te amo, sin fin veces
Olvidar que eres flor que vino del cielo
Excederse en maromas de trapecista
No apagar el incendio que has causado
Prender la hoguera para que otro ase su salchicha
Mentir para que te den
No ser rico ni famoso
No perdonar lo que tú mismo haces
Vaciar la carga en la puerta
Salirse
No comulgar con la palabra orgasmo
Olvidar que la piel toda es un mar de erotismo
No decir palabras dulces
Olvidar la ternura al acabar
Olvidar que una palabra a tiempo es más valiosa que el oro
Entrar y salir sin amor
No llegar al mismo tiempo
Olvidar una cita
Dar golpes duros a una flor encendida
Despreciar el aroma del nardo enardecido
No beber la miel que hiciste para mí
No ver esa mirada que dice mucho
Equivocar las insinuaciones
No hacerla sentir la más importante
Dejarla con ganas
No encontrar el punto G


CAUSAS GRAVÍSMAS
Entrar a la fuerza
Comerse la manzana tierna
Comer la fruta que tú mismo has cultivado
Entrar a cualquier lugar sin protección y llevar peste a tu casa
Estar contaminado
Ser alcahuete en la venta de placeres
Comprar amores tardíos
Dejar un corazón partío
No cumplir promesas
Duplicar, triplicar, cuadruplicar edades
Aflojar resistencias con dinero
Comer fuera de casa
Utilizar la otra vía sin lubricar
Sembrar incestos
Ser invertido
Desear tu propia imagen
Complacerte a solas teniendo compañera
Sentir lo mismo, pero con cosas
Compartir con tu mejor amigo, lo suyo
Complacerte en el dolor ajeno
Construirte un harén
Exhibirte en público
Preferir golpes por sexo
Amarte a ti mismo más que a nadie
Dejar una novia vestida
Comer carne inerte
Matar para comer
Romper y dañar lo que deseas
Complacerte en otra especie
Querer entrar por donde has salido

EL ABOGADO DEL DIABLO

Bien, ya hemos escuchado los cargos. Se ha colocado al pene en el banquillo de los acusados y oímos de qué se le acusa; toca ahora hacer el trabajo de la defensa. Por la cantidad de cargos casi que tendríamos que admitir su culpabilidad; pero nadie es culpable hasta tanto no se le prueba la culpabilidad; es decir, que se presume inocente hasta prueba en contrario. Pero ¿quién quiere defender a un indiciado con tamaña lista de cargos? Sin embargo, alguien debe hacer el trabajo. En alguna parte tiene que estar el abogado del diablo. Presente. Defenderé al indefendible, al más odiado y amado, al presunto culpable. Ustedes harán de juez, acusador y jurado a la vez, por lo que, la terea de convencerles será ardua.
Para empezar quiero esgrimir en una sola frase todos los argumentos de la defensa, y consiste en que: “El pene es bueno”. Fundamentado en esto debo decir: ¡Qué “bueno” es! Sí, señoras, ¡buenísimo! Sin ironías ni sarcasmos, pero nadie es tan bueno como el pene. Algunas veces se oye decir que es de pinga. Otras veces su magnanimidad sólo se puede expresar con un ¡ho!, ¡ah!
Ahora bien, algo tan bueno no puede ser malo, ¿verdad? Si logramos ponernos de acuerdo en que el pene es bueno ya no tendremos argumentos que desvirtuar, ya no vemos esa supuesta incubada maldad; no hay inquina en algo bueno, lo bueno sólo puede ser bueno. Ya se dijo antes que esta defensa se iba a basar en un solo argumento, convencerlas de que el pene no es malo, sino todo lo contrario: es bueno. Para este propósito tengo que ser un auténtico abogado del diablo, y hablando de diablo hay quienes se conduelen de él y dicen que es digno de lástima: “pobre diablo que perdió la gracia de Dios”.
Bien, podemos decir esto del diablo, pero nadie quiere tomar en sus manos la defensa del inocente, dulce y bueno del pene. Tal vez sea oportuno preguntarnos, ¿por qué el pene se ha hecho merecedor de tanto descrédito y odio-amor? ¿Quiénes se han encargado de hacerle tales señalamientos? Por principio, como abogado, siempre he creído en la inocencia del indiciado; aunque los cargos parezcan abrumadoramente infalibles. He elegido su defensa a conciencia, creo que merecía ser su abogado; lo digo porque lo conozco a la perfección, sé qué siente y cómo siente; conozco sus gustos y debilidades; sé qué lo alegra y qué le entristece. También reconozco que no es bueno estar tan involucrado con el cliente; pero, en fin, sólo soy su abogado, no soy quien lo va a juzgar; por tal, no peco de parcial. También debo decir que mi defensa será férrea, me lo juego todo, la buena defensa de mi defendido será crucial para su vida futura. Ahora sí, manos a la obra. Ya dije que es bueno, no lo diré más; pero les pido que lo tengan siempre presente, será fundamental al momento de decidir, por ninguna razón vayan a dejar de valorar tan magnífica cualidad. He querido insistir en esto porque nada es tan terrible para un enjuiciado como el hecho de tener fama de malo. Todos detestamos la maldad, cualidad que sólo atribuimos a Lucifer. Aunque, Shakespeare, dijo: «Nada es bueno ni malo, lo que pensamos es lo que hace que algo sea bueno o malo». También ha dicho el papa Juan Pablo II: «Lo que es bueno no es malo»; claro, en otro sentido.
Bien, digamos que el pene no es una blanca paloma. Pero tal vez nos equivocamos en la concepción o apreciación de los conceptos “blanca y paloma”; donde blanca no es sinónimo de inmaculada, y donde paloma no es sinónimo de mansedumbre, porque ningún animal es más sanguinario y rencoroso cuando pelea, pues, no deja a su adversario hasta convertirlo en plumas y pellejo ensangrentados, y todavía le sigue dándole picotazos para cerciorarse de que está bien muerto(a).
Ahora vayamos al análisis de los cargos, no se le puede juzgar por ser externo, y para algunos, feos. No será que no se le ha visto con buenos ojos, la belleza es muy subjetiva, es una sutil expresión estética que necesita ser vista con buenos ojos; es decir, con ojos de experto. Sí, ya sé lo que están pensando ellas. Bien, lo aceptamos, su forma no es la de un corazón partido rebosante de amor, tampoco tiene la forma y belleza de la orquídea con ese rubor en sus labios que invita a la caricia, ni ese aroma que embriaga, ni ese pistilo apenas asomado que nos dice que ese pequeño botoncito manda más energía que dinamo de avión, ni esa pequeña gruta que nos invita a seguir el camino que lleva al cielo; pero si tiene la fortaleza del tallo donde crece la rosa. Es muy probable que por estar todo el tiempo expuestos a la vista de todos sea por lo que se ha dejado de apreciar su belleza, así como su clara inocencia e indefensión mientras duerme sobre sus dos tiernas gemelas; o la clara fuerza de triunfo cuando está despierto y listo para el combate. Quiero pedirles que cierren los ojos por un momento y lo visualicen: primeo, en la fragilidad de su inocencia mientras duerme; luego, en la hermosura de su figura erguida cuando está listo para entregarse de cuerpo entero. ¿Verdad que es lindo? Ahora mírenlo como una pequeña, frágil e inocente criatura que llora de hambre. Definitivamente no hay nada malo en él. Había prometido no repetir que era bueno. Pero convengan conmigo, ¿verdad que es bueno? Lo digo en el más sutil y placentero sentido de la palabra.
Sí, algunas veces la riega y acaba con la fiesta apenas empieza; otras, se duerme mientras come; o no consigue las piedras sueltas porque hay que martillar tan duro y tan deprisa que pierde todas sus fuerzas. Pero se han detenido a pensar por qué le ocurren tales cosas; creo que es oportuno decirlo ahora, pues bien, a veces las ansias lo traicionan; otras, porque ha pasado períodos depresivos o de angustia, exceso de trabajo, prolongadas hambrunas… ¿Qué creen que puede sentir después de haber sido despedido del trabajo; quedar arruinado en la bolsa; tener abrumadoras deudas; que le hayan robado el auto; ser presa de angustias, depresiones, saberse cornudo o sentirse un pobre diablo? Impotencia. Disfunción eréctil.
¿Qué creen que puede pasar después de meses sin probar bocado? ¿Qué creen que puede ocurrir si es la primera vez que se va a subir al tren del amor? ¿Qué piensan que ocurre si de pronto obtiene el premio por el que tanto ha suspirado? Viaje rápido. Vergüenza. Eyaculación precoz.
También ocurre a veces que almizcles muy rancios o túneles demasiado anchos o comidas muy repetidas o demasiada manteca alrededor o un pozo muy encharcado le quiten las ansias, entonces no se levanta el espíritu. No lo culpen por eso.
A veces su ansia necesita ver las flores bien exhibidas, una palabra que levante el ánimo, el vuelo frágil de unas manos buceadoras y la seguridad de ser el único para que no falle la pólvora. Él necesita de ti para hacer bien su trabajo.
La defensa reconoce que no es lícito forzar las puertas, gozarse en el dolor ajeno, contaminar la fuente limpia, comerse una fruta demasiado verde o la que uno mismo ha cultivado, atizar con su leño el fuego de otra hoguera, comerse la comida ajena, hacer de animal, invertir los cables; y, por último, lo más grave y censurable, matar por hambre y comerse una fruta que ha sido arrancada de la vida.
En tal sentido, la defensa admite que se condene cuando se haya violado una cerradura, aunque sea difícil vivir con hambre cuando se ve tanta carne exhibida; ni que se golpee o se hiera, a pesar de ser ordenado o sugerido; ni que se propaguen las sales contaminantes, cuando sea hecho a conciencia; ni que se cojan las manzanas antes de tiempo, aun con todo lo urgido que se pueda estar; o que se coma lo que se ha cosechado en casa. Sentencia condenatoria para el que caza, nada lo justifica; la flor que se arranca y se macera con los pies pierde toda su belleza; por último, no comprendo a los carroñeros, no son excusables los necrófilos.
Pero pido que se redima al que busca fuera lo que se le niega en casa; pero si la presa es ajena, mala suerte para el que no ha sabido cuidar lo suyo y alguien lo consigue. Igual para el que se complace consigo mismo o cambia los gustos; pido respeto por las preferencias ajenas.
Para concluir, quiero decir que no ha existido jamás nadie tan incomprendido y vituperado como el pene. A él ha sido fácil endilgarle toda clase de improperios, siempre ha sido fácil culpar al pene de todas las debilidades y bajezas imaginables. Hoy se le juzga y, quizás, se le condene. Pero he de decir en su favor que siempre ha trabajado por amor; ha sido convexo cada vez que ha habido un cóncavo que lo admita. Su entrega ha sido siempre de cuerpo entero, ha dado todo sin que le quede nada por dentro, hasta la última gota.
Quienes más lo desprecian siempre han sido sus amas, dueñas y señoras; es un producto hecho especialmente para ellas, hecho a la medida de su más profunda satisfacción; en definitiva, objeto de su complacencia y felicidad. Pero bueno, qué se le va a hacer, no es fácil encontrar agradecidas.
No obstante, ¡arriba esos ánimos! Señores, mantengan sus cabezas en alto, anden con sus cuerpos bien erguidos, ¡levantados siempre! Permanezcan despiertos, vamos, a pararse. Es hora de trabajar. Hay que dar golpes duros, como verdaderos machos. Duro, duro; sólo así los prefieren.
Bien, miembros del jurado, ¡decidan!

martes 5 de enero de 2010

ONÓLOGO DEL P... (DOS)

DOS

“El amor es lo único humano que siente al animal”.

EXCLUSIVAMENTE PARA ELLAS

Al momento de concluir la revisión de este libro estaba compartiendo la mesa con una pequeña mujer, mi hija de doce años. Estoy seguro de que ella ya tenía su propia idea formada de lo que se iba tratar el libro: el pene. Ahora bien, todo lo que se diga, mejor dicho, se escriba, será tratado por el rey del sexo, bueno eso tiene sus matices, porque él es un rey como el del ajedrez, ya que quien tiene el poder ―si por poder entendemos la libertad de movimientos―; es la dama, en verdad es ella la que manda. Pero eso no es lo que importa ahora, sino qué nos pueda dejar saber el pene a través de este monólogo.
Creo que no es desacertado que le dediquemos el Monologo del P…, a ellas, que en fin de cuentas, un pene también es asunto de mujeres; no sólo por ser un producto para damas, sino porque es un órgano que compartimos.
En consecuencia, no puede haber mejor destinatario que las dulces, hermosas, profundas, insaciables, bellas, voluptuosas, sensuales, seductoras, deliciosas, sagaces, dominadoras, complacientes, sensibles, delicadas, amorosas, y pare usted de contar, mujeres; porque a ellas les podemos dedicar casi todos los adjetivos que se nos puedan venir a la mente; en fin, para todas las hembras del mundo. Para empezar, una dedicatoria muy especial a la mujer más importante que un hombre tiene en su vida, ésa que sólo nos puede sentir al salir; el caso de Edipo es detestable, ¿verdad? Y da igual así sea nada más que un complejo. Cuando era niño escuchaba un cuento que era como una versión distorsionada del Complejo de Edipo. Contaban que un hombre muy desconfiado de la fidelidad femenina decía que no había mujer fiel en la tierra, que por ambición eran capaces de todo; dudaba de la probidad hasta de su propia madre, cosa que quiso demostrar a todos; entonces partió un día de su hogar; es decir, se hizo trotamundos. En sus correrías participó en guerras y muchas otras tropelías mundanas logrando amasar una gran fortuna. Después de veinte años regresó al que fuera su hogar y se encontró con la noticia de que su padre había muerto, además, que su familia estaba en la ruina. Su madre, que siempre había disfrutado de la buena vida aún se conservaba joven y bella. Entonces él enamoró a su propia madre logrando vencer su negativa sin mucho esfuerzo. Cuando estaba a punto de consumar su teoría dijo: «Voy a ver si puedo entrar por donde salí un día». Fue en ese momento que su madre comprendió que estaba a punto de entregarse a su propio hijo.
Dejando de lado ese cuento de mal gusto, quiero dedicar este poema a todas las madres del mundo, hoy también es el día de mamá, al igual que todos los días de la vida.

CUANDO EN TUVIENTRE MORABA

Quisiera dormirme en tus entrañas
en la alberca tibia de tu vientre,
ser parte íntima de tu cuerpo y
beber la sabia de tu amor en gestación.
Y retozar con sublime alegría
haciendo piruetas de trapecista
con el cordón que me sostiene
por el medio de mi frágil anatomía.
Y jugar mis diversiones preferidas:
con tu vejiga, al fútbol solitario,
y al box, con el carrete articulado
de tus costillas desprevenidas.
Sé que haré muchos cambios en tu figura
y que no te verás hermosa y deseable;
pero pido poco, sólo paciencia y ternura,
te prometo que cuando todo esto acabe,
llenaré tu vida de dulzura.
Sólo quiero antes de que el tiempo fenezca
seguir inmerso en tus aguas florales,
y al mismo tiempo que tu vientre crezca
compartir tus pensamientos y ansiedades;
ser la risa alegre en tus noches taciturnas;
por mí, sin culpa, la ignota criatura.
Que tú como Dios, en tu vientre demiurgo,
diseñas y trazas con la roja arcilla
de tu vernácula sangre nutritiva
al hijo de tus entrañas que darás a luz al mundo.
Dentro, la vida es fácil;
fuera, la vida es dura;
lo primero que hacen
es cortar el hilo de la atadura.
Al nacer algo acaba, todo empieza.
La vida que sigue nos recibe con rudeza,
pues nada más asomar la cabeza
alguien corta el hilo de vida y hace ligaduras,
y como el que sale al mundo llega a oscuras
no pude verle la carnicera mirada
al desalmado que le da la nalgada.
¡Ni te creas que eso es todo, camarada!
Te sigue un baño de agua helada.
Pero en verdad que yo no sabía
que entrar a la vida es cosa tan extraordinaria.
¡No es algo fácil salir de la nada!
Empezando por dos que quieran compartir sus ansias,
el tiempo oportuno y las semillas filigranas;
sigue la colosal batalla por la genitiva semilla X;
donde competidores por millar en veloz carrera
van como renacuajos viajando en tinieblas
por viscoso canal en nado sin tregua,
quien llegue y entre primero: ¡la vida se lleva!
Sí, era tu cuerpo el paraíso.
Mas, Dios así lo quiso,
que en la brevedad de nueve meses terminara
la magnífica obra que con un beso se iniciara.
¡Ah felicidad sublime, madre,
cuando en tu vientre moraba!
¡Había tintes de rosa por doquier miraba!

¡Ah, pero antes de que pase al siguiente tema, si usted fuera jurado en un concurso de poesía y tuviera que calificar del uno al diez, dígame, ¿cuál sería su puntuación para el poema que acaba de leer?

POESÍA

Geisha

La japonesa quiso ser porcelana
y un día, sin más, se pintó la cara:
lo hizo con el color del alma.
Sólo Imara iguala la albura de su cara.

Sus ojos: un punto oscuro
entre la nieve de su cara,
y sus labios del rojo la pureza,
sonríe al mundo la geisha.

Con cara de porcelana ama la geisha
y viste del níveo loto la realeza.
Hermosa de azul por la mañana
en el ritual del té nadie le gana.

Orgulloso el Japón de sus proezas,
ha olvidado a una ignota princesa
que lo liberó del estrés y la tristeza:
con sus dulces manos lo hizo la geisha.

Con kimono de esplendorosa seda
y un Icho-gaeshi en su cabeza,
danza, canta, baila y conversa.
Y siguiendo un ritual que es arte,
muy feliz su invitado toma sake.

domingo 3 de enero de 2010

MONÓLOGO DEL P...

MONÓLOGO DEL P...

EL PRIMER LIBRO QUE SE ESCRIBE A SIN FIN MANOS

El pene es un hasta donde hondean unos labios en un éxtasis de felicidad.
Autor: ADIEL CAÑIZARES



¡POR FIN UN LIBRO INTERACTIVO!

¿Se había imaginado alguna vez un libro donde usted con su experiencia pudiese colaborar en su culminación? Pues bien, ¡ya llegó, ya está al alcance de sus manos! Este libro está inconcluso, y será usted quien terminará de escribirlo con el autor. Su opinión fluirá de forma espontánea porque todos tenemos algo que decir al respecto, ¡ya lo verá!
La relación más complicada entre los seres humanos es la sexual, por eso el tema de la sexualidad es inagotable. En este libro usted descubrirá que todos los seres humanos tenemos pene; y no sólo eso, sino que el de ellas es superior al de ellos; además encontrará, entre otras cosas, que el pecado original fue de carácter sexual, que todo hombre lleva una mujer por dentro ―que siempre está a punto de salir a flote―, que el clítoris es un órgano cuya exclusiva función es la de producir placer y que el sexo fuerte es asunto de hembras.
El lenguaje de Monólogo del P…, es sencillo, directo y con un trasfondo poético, en verdad muy poético. Por lo que espero que encuentre su lectura no sólo amena, sino verdaderamente entretenida e instructiva. Y no lo olvide, deje que aflore la vena de escritor que lleva por dentro. Escriba, ¡por favor!


PRESENTACIÓN

“El placer sexual es el más fuerte de los placeres. Por eso está en condiciones de crear las ligazones más fuertes. Si alguien nos da un gran placer erótico, trataremos de encontrarlo de nuevo, una y otra vez”. Sigmund Freud.

Este libro no se terminará de escribir sin su participación, por eso necesita de su invaluable colaboración para crecer y crecer hasta convertirse en una gran perfoliata; en tal sentido, es de vital importancia para su culminación que cada lector dé su sincera opinión. Igualmente, quiero dejar bien claro que las opiniones contenidas en cada tema no son infalibles ni inmutables, en consecuencia, amigos lectores, mis opiniones virarán de sentido cuando su acertada opinión así lo aconseje; o en todo caso, su divergente opinión será presentada a todos los lectores para que la analicen y lleguen a sus conclusiones personales. Es tan cierto esto que con el tiempo y su intervención, espero que este libro también cambie su título de Monólogo del P…, por: Millones de Monólogos del P...
Ahora bien, como en toda propuesta sometida a la consideración de terceros, es seguro que se levantarán voces de justificados desacuerdos, aunque sé que también se oirán voces de singular empatía, y todos serán tomados en cuenta. Sin embargo, lo más importante es que logre motivarle a expresarse; le garantizó que una vez que haya leído cada apartado de este libro, tendrá algo que decir. El tema, como se verá en su desarrollo, nos incumbe a todos, por tal razón, su participación fluirá de la manera más espontánea.
Para estar seguro de su participación, la publicación se hará en internet; es decir, por medio de un blog publicado en la web; y así, todos tendremos la oportunidad de expresar todo lo que sabemos sobre un órgano fundamental de nuestro cuerpo, y no es eso nada más, sino qué opinamos sobre el phallus y qué placer sabemos obtener de él.
Sé que puede parecer chocante la afirmación de que “todos los seres humanos tenemos pene”, no obstante, es lo tajante de esa propuesta la que me garantizará su opinión personal.
De otro lado, también tengo que advertir al lector que este libro no es una disertación científica sobre el tema; pero tampoco cae en la obscenidad ni en la pornografía. De igual modo, su contenido no pretende ser en un sentido literal: erótico, sexual ni sensual; sino, más bien, es un guiño poético, un santo y seña, una picaresca dedicatoria al pene. Así que, relájese, lea con inquisitiva atención, y opine. ¡Ah fabulosa oportunidad! ¿No cree? Su edad o sexo es lo de menos, así que no se asuste, pues, a pesar de que existe un arraigado tabú sobre el particular, será como hablar de lo mucho que sabe sobre sus manos, pies, cara, pelo…; o en el mejor de los casos, aproveche la oportunidad para saber qué opinan otros sobre el pene. No obstante lo antes dicho, debo decir que este Monólogo del P…, está referido, concretamente, al phallus masculino.
Quizás, lo más sensato es que se hubiese hecho una encuesta antes de presentar cualquier opinión sobre el pene; sin embargo, es muy engorroso, embarazoso, difícil, comprometido, espinoso, afrontar a un hombre para preguntarle sobre su pene –sobre todo si se trata de un desconocido-, esto a pesar de que los hombres siempre hablamos abiertamente sobre la sexualidad; pero, cosa distinta es abordar a alguien para que hable de su pene y de sus experiencias, ya que, es casi seguro de que lo primero que va a pensar es que está frente a un pervertido o un invertido. Y ni se diga de pedirles la opinión a las mujeres, que por lo general siempre se escudan en su recato para no hablar sobre cualquier tema sexual. No obstante, muchas de las opiniones están amparadas en las conversaciones sostenidas en reuniones de hombres, donde se habla sin mucho tapujo sobre relaciones sexuales; pero que, por lo general, están más referidas a la fanfarronería masculina sobre potencia viril y la exageración del tamaño del miembro. Sin embargo, el gran sondeo se hará con su participación por medio de la red. Como lo comprobará, la totalidad de los temas planteados están diseñados para que usted, amigo lector, opine.
He de dejar muy en claro que este libro o pretende competir o disentir con el excelente libro Monólogos de la Vagina, de la estupenda escritora Eve Ensler. Su tema resultó ser fascinante porque permitió a muchas mujeres redescubrir sus vaginas. Por el mismo camino espero que redescubran sus fhallus (pene-clítoris).
Por último, desde el punto de vista masculino, género al que pertenezco, es bastante lo que sé sobre mi pene; en tal sentido, aquí les dejo mi opinión.
Advertencia final: El sexo es un tema inagotable, y las experiencias son tan personalísimas que nadie más que uno mismo está en capacidad de evaluarlas; es como el cuento de nunca acabar, pero donde todos tenemos la última palabra.

PRÓLOGO

En cuanto a sensaciones y placeres sexuales, aún queda mucho por decir.

Esta página estará en blanco por ahora, pues ha de ser escrita por usted. Es la primera oportunidad que tendrá para participar en la realización de este libro. Muy pronto habrá un prólogo ―o varios― en esta página, y llevará su nombre. Una vez que lea el libro, escríbalo, ¡por favor!

INTRODUCCIÓN

“La belleza es la carnada con que el deleite seduce al hombre para aumentar la especie”. Edmund Spencer.

Todos los seres humanos tenemos pene. Y esto no es ninguna afirmación fútil; pero para entender mejor esta afirmación tan rotunda tenemos que describir la anotomía de los penes. Entonces tenemos que: “El pene masculino es un tubo cerrado, formado por tres haces de tejido vascular unidos por tejido conjuntivo y cubiertos por piel laxa. Dos haces grandes de tejido, los cuerpos cavernosos, forman la parte superior del pene y contienen numerosos compartimientos que se llenan de sangre durante la excitación sexual, lo que provoca la erección y rigidez del pene y que permite su introducción en la vagina para la eyaculación de la esperma. Los nervios sacros controlan el flujo de sangre hacia el interior de los cuerpos cavernosos, debajo de éstos se encuentra el tercer haz de tejido: el cuerpo esponjoso. Este haz está perforado por la uretra por donde circulan el semen y la orina. El extremo del pene ostenta un ensanchamiento en forma de bellota, muy rico en terminaciones nerviosas sensitivas que recibe el nombre de glande, el cual está cubierto por una capa cutánea retráctil llamada prepucio. El pene cuelga libre cuando no está erecto”.
Pues bien, ahora descubramos el pene femenino, veamos qué es el clítoris: “Pequeño órgano erógeno y eréctil, muy vascularizado e inervado, equivalente femenino del pene, aunque mucho más pequeño; se localiza debajo de los labios menores, su glande es de 3 a 5mm, está cubierto por una caperuza similar al prepucio, y es anterior al orificio vaginal, pero independiente de la uretra. Al igual que el pene, cuando se estimula sexualmente experimenta erección, y es una de las zonas más importantes de excitación y placer sexual en la mujer”.
Según el diccionario, phallus se deriva del latín, y era aplicado antiguamente para identificar indistintamente tanto al pene como al clítoris.
La similitud entre el pene y el clítoris es consecuencia de su origen en la determinación de la formación sexual en el útero; esto es, que surgen del mismo órgano cuando se determina la sexualidad.
Con lo anteriormente expuesto, creo que no hay lugar a dudas sobre la realidad de que todos los seres humanos tenemos pene, salvando, no obstante, algunas pequeñas diferencias anatómicas y de funcionalidad. En tal sentido convengo con los antiguos, quienes se percataron y definieron indistintamente al fhallus como un mismo órgano (pene/clítoris).
Así que, si nos avenimos con esta afirmación, todos tenemos algo que decir sobre el pene ya que todos lo conocemos desde siempre, todos nacimos con uno; por consiguiente, siempre ha estado ahí al alcance de nuestras manos, y bien o mal, siempre nos hemos servido de él.
Aunque, como se dijo anteriormente, aquí el que va a hablar es el pene masculino; pero como son ellas quienes se sirven de dicho fhallus, en consecuencia, no puede haber mejor perito para dejarnos saber sobre sus experiencias: buenas o malas. Veamos, entonces, qué opinan ellas sobre el pene masculino. No obstante, retornando a la afirmación inicial de la introducción, donde se afirma que todos los seres humanos tenemos pene, las reto a que redescubran ese órgano echado al olvido; está ahí al alcance de la mano. Así que, si no queréis hablar sobre el phallus de él, de seguro que algo tendréis que decir sobre el fhallus vuestro; que dicho sea de paso, es muy poco lo que se escribe, y ni se diga habla, sobre el clítoris. Motivo por el cual, el último apartado de este libro estará dedicado especialmente al clítoris/pene.

UNO

“El deseo sexual es el alfa y omega de todos los deseos”.

El principal motor que mueve las acciones del hombre está referido a la sexualidad. El sexo marca y determina todo nuestro comportamiento emocional y psicológico desde mucho antes de nacer. En consecuencia, el anormal desarrollo de algunos patrones sexuales influye y determina el comportamiento emocional o psicológico de los individuos, siendo la causa de muchas de las desviaciones, fobias o traumas que subyugan a los adultos. Al respecto, Sigmund Freud, afirma: «Lo más alto y lo más bajo se hallan más íntima y enérgicamente reunidos que en ningún otro lado como en la sexualidad».
Ahora bien, la historia de la aparición de la vida es tratada desde el punto de vista religioso y científico con distintos enfoques, por lo que tenemos dos teorías: creacionista y evolucionista. La teoría evolucionista no será tema a tratar aquí. La teoría creacionista, contenida en el Génesis, nos habla de la creación de Adán y Eva por Dios, y es de la unión de este primer hombre y esta primera mujer de donde desciende toda la raza humana.
Una de las cosas que más llama la atención es lo relativo al llamado pecado original; es decir, la forma como Eva es engañada y luego induce a Adán a cometer el mismo acto pecaminoso ―con lo que se trata de justificar, consecuencialmente, la desaparición del Jardín del Edén (Paraíso), la pérdida de la gracia de Dios, el surgimiento de una humanidad inmoral y su merecido castigo; así como la conversión de la tierra en el mundo hostil, y a la vez hermoso, que conocemos―; sin embargo, no es claro el Génesis sobre las razones que motivaron al demonio-serpiente a inducir a la hembra humana a comerse la susodicha manzana. ¿Qué había en esa inofensiva y suculenta fruta? ¿Por qué una manzana? Además, ¿por qué se comprometió la serpiente en tan infernal embrollo? Y, por último, ¿por qué Dios dejó al alcance de la mano de los humanos tamaña tentación? Dígame eso: “El árbol de la ciencia del bien y el mal”. Sin ánimo de parodiar el Génesis me atrevo a disentir del medio utilizado por el Señor de las tinieblas para hacer caer a los humanos en pecado, así como de los motivos. En consecuencia, aquí el motivo es la venganza; y el medio utilizado, el sexo. Esta propuesta no resuelve ninguna de las interrogantes sobre la conducta sexual humana, es sólo una inquietud personal salvada por la magia de la imaginación. Nada en serio. Pero no deje de prestarle atención a esta propuesta de creación apócrifa y profana, tal vez convenga conmigo en que hay algo que los sabios teólogos no han querido revelarnos. ¿Será que son conniventes los científicos en ello?
Es probable que esté pensando que este libro se inicia con un tema que no tiene nada que ver con la propuesta inicial sugerida en el título ni con su presentación o introducción; sin embargo, como el propósito del libro es plantearle algunas propuestas que lo muevan a participar en la realización del mismo, además de las interrogantes ya planteadas; dígame, entonces, si está de acuerdo en que cambiemos la fruta del árbol del bien y el mal, por la fruta de Eva, que sabe bien y no es nada mal, ¡claro!, una vez que haya leído el tema que sigue.
Anoche tampoco fue mi noche. ¡Qué largas son las noches del insomnio!, ¿verdad? Larga noche, noche larga. Noche de vueltas y vueltas y más vueltas en el lecho. La cama amanece hecho un nido, las almohadas retorcidas y las ojeras renegridas. En los brazos mortificantes del insomnio uno se devana los sesos entretejiendo toda clase de pensamientos absurdos e inútiles, incluso el absurdo de cerrar los ojos y contar ovejas; hace y deshace miles de ideas; mientras tanto, se revuelca en la cama sin cesar. Añora una lágrima de sueño, aunque sea un sueño ligero. Si al día siguiente se tiene que trabajar, entonces uno cae en desesperación y repite una y mil veces: «¡Tengo que dormir, tengo que dormir, tengo que…!»
Anoche, después de recorrer sin cesar la geografía de mi lecho, de haber ido innecesariamente al baño muchas veces, de haber revisado sin ningún objetivo el refrigerador otras tantas; por fin, al último grito de la aurora, cuando los gallos ya estaban desgañitados de tanto gritarle al viento, unos hilos dorados entretejieron mis ojos cuando el mazo del ogro insomne dejó de golpearme, me dormí; pero, entonces raudo me arrullé en los brazos de la inconsciencia onírica. Soñé. Soñé que soñaba el primer sueño del hombre. Era Adán que soñaba. Dios soñaba para Adán, y el soñaba para mí. Algún día quizás alguien diga que fue una revelación; otro, una herejía. Yo sólo soñé. Mi sueño me reveló la génesis de todas las cosas, concretamente, los primeros y únicos días de la existencia del Paraíso. Ahora les cuento sobre un Génesis apócrifo, pero lo soñé así, o al menos, así es como lo recuerdo.

LUZBEL, EVA Y ADÁN

“Desde el cielo, a través del mundo, hasta el infierno”. Goethe-Fausto.

Al inicio del tiempo: Era el Paraíso una versión terrenal del cielo, un remanso de paz y gloria donde reinaba la armonía y abundancia de toda la creación. Este mundo había sido creado tan recientemente por Dios que aún reinaba en el ambiente el divino aroma de su gloria; todo carecía de nombre, en consecuencia, la principal ocupación de Adán era descubrir y ponerle nombre a todo lo que estaba al alcance de cualesquiera de sus sentidos, y también poblar el mundo con su descendencia.
Tampoco existía la experiencia de ninguna clase de sentimientos humanos: ni bueno ni malos. Como todo estaba al alcance de la mano, Adán y Eva no tenían que hacer el más mínimo esfuerzo por conseguir nada. El mundo era en aquel entonces redondo como una naranja, y Pangea era una franja única de tierra firme que se extendía alrededor del Ecuador, y era plana como la palma de la mano.
Pero una vez que Dios hubo terminado su creación y heredada la tierra paradisíaca a Adán y Eva, después de su partida, ocurrió un hecho extraordinario que nos ha dado este singular mundo que hoy disfrutamos y sufrimos. Como consecuencia de ese hecho, Dios enfureció y convirtió este planeta en un mundo convulsivo y feroz, ahora dividido en enormes franjas de tierra separadas por insalvables mares y océanos; con un elevadísimo y helado Everest, incandescentes volcanes, eternos casquetes polares, un ardiente Sahara y la cima que besa el cielo del Kilamanjaro. Ahora que, en cuanto al cuento de la serpiente del paraíso que engañó a Eva con la prohibida manzana, no es cierto que Dios haya cometido el descuido de dejar al alcance de de la mano de la ignorante Eva y el idiota de Adán, el árbol de la ciencia del bien y el mal; si no que, es otro el cuento.
Lo que en realidad ocurrió es que para aquel entonces el diablo ya andaba suelto; sí, como lo oyen, para el momento en que Dios tomó la decisión de crear la vida en este nuevo mundo y seres a su imagen y semejanza ya se había producido un cisma en el cielo; por tanto, Dios andaba de malas con su lugarteniente, su comandante en jefe, su ángel principal y seguro heredero al trono, quien fue y será el tenor de los siglos su archienemigo, nada menos que Luzbel; y que eternamente ha de ser conocido por estos confines universales como el Rey de las tinieblas, Lucifer, don Satanás, Mandinga…; el único con la fuerza suficiente como para echarle a perder a Dios su obra de creación más cara, porque después Dios tuvo que sacrificar a su único hijo para enmendar el mal.
En verdad que no somos una obra planificada por Dios, sino una consecuencia fortuita, ya que Él, en su estado de desilusión y desengaño porque se había producido esa gran rebelión en su reino ―el cielo―, la cual tuvo que sofocar en la expulsión de los revoltosos y el retiro de su gracia, se había dado a la tarea de recorrer sus dominios universales (algo así como el patio de su casa, pero que nosotros vemos como un infinito universo); entonces fue así como, andando por ahí, de pronto se encontró con un ínfimo e insignificante sistema planetario con bolitas materiales como esta que llamamos tierra y su pequeña lamparilla luminosa llamada estrella (Sol); y fue su voluntad crear la vida; ¡claro!, previa creación de las condiciones indispensables para la vida como agua, oxigeno y muchas más. Decidiéndose luego a crear a una criatura a su propia imagen y semejanza, y otras de orden menor. ¡Enhorabuena, somos como Dios! Bien, fue así de esa manera como vinimos a parar a este planeta azul.
Pues bien, conocido nuestro origen y las circunstancias que lo motivaron, ahora vayamos al Paraíso. Tenemos a un macho y a una hembra a su lado, recibida ésta como obsequio; digo, como compañera. (Las mujeres se enfurecerían hasta con Dios si se llegase a revelar que fueron dadas como regalo al hombre para que gozara y no se sintiera solito). La divina Eva, que no tenía nada que hacer para sí ni para Adán, y que para aquel entonces ya está en pleno disfrute y goce del Paraíso, parece estar un tanto fastidiada, aburrida; pues, no hay otras mujeres para chismear ni de quienes sentir celos o envidia, tampoco hay nada que ambicionar: es dueña absoluta del mundo donde vive. Piensa ella que es patética su vida, ¡qué Paraíso tan aburrido! Realmente no entiende la apatía de Adán, quien la ignora casi todo el tiempo; esto es, que el muy tonto parece no percatarse que ella es hermosa y que anda como Dios la echó al mundo ―ni siquiera se había inventado el traje de Eva―. Pero Eva ignoraba que Dios no iba a dejar cabos sueltos; razón por la cual, una vez hecha (no creada) ella de la costilla del hombre, procedió a implantarle su ciclo menstrual para que se iniciara su proceso ovular; y después de haberles dado la orden inapelable de poblar el mundo con su descendencia, le dijo a Adán que debía esperar hasta que su compañera menstruara, y que un olor muy especial le iba a indicar cuando podía realizar la cópula; entre tanto, debía dar gracias al Creador, su Dios, y dar nombre a todo ser vivo y a cada cosa material o inmaterial que se le presentaba ante sus sentidos o la imaginación. Y realizado esto; es decir, terminada su obra creadora (durante los seis días más el descanso), Dios cogió todos sus cachivaches, montó en su nave y se fue a echarle un vistazo al cielo, el cual había dejado solo durante los siete días que estuvo haciendo la vida en este mundo, y los muchos otros días que estuvo haciendo lo mismo en otros mundos y dándose una paseadita por su enorme universo; pero que en tiempo de omnipresencia divina es ya, ahora, al instante.
Pero como reza el dicho: “Que nunca falta el diablo a misa”; Dios que coge vuelo hacia el cielo, y el angelito Luzbel que llega. Vino, en realidad, sólo a echar un vistazo para ver qué era lo nuevo que había creado su antiguo jefe por estos rincones del universo. En medida de tiempo luciferino eso fue al instante, así: ¡zas! Pero en tiempo terrenal ya habían transcurrido varias fases lunares, y esto para Eva era más que suficiente para aburrirse de tanta vida inactiva, tanta pasividad; sobre todo, nada de aquello…
Corría el día treinta y tres después de la creación, hacía ya varios días que a Eva se la había quitado la regla. Ella estaba plácidamente recostada sobre un lecho de hojas que Adán le había construido bajo la fresca de un frondoso panjí que estaba a orillas de un cristalino río; al mismo tiempo, se desperezaba voluptuosamente en su cama de hojas, y suspira profundamente mientras se sacaba los piojos y los tritura con los dientes―. En las proximidades pacían el cordero junto al león en edénica armonía, ―todavía los gatos negros, murciélagos, cabras, chacales, cuervos, sapos, culebras, el chupacabras…, no eran bichos malos―; su oído era deleitado con el hermoso trino de la pájaros del Edén. Aunque todavía no se había inventado el amor ni el erotismo su cabeza estaba llena de pensamientos extraños, y unos escalofríos involuntarios le estremecían el cuerpo; su vulva se había hinchado un poco y estaba enrojecida y húmeda, y despedía un excitante hálito que ya empezaba a inquietar al ingenuo de Adán, quien se pasaba el día entero reconociendo los alrededores e inventando sonidos nuevos para identificar cada ser vivo o cosa que veía o que intuía con la razón. Lo que ella no sabía era que Dios le había dicho a Adán antes de irse para el cielo que el estro de Eva, al igual que los otros animales, le iba a indicar el momento preciso de cumplir con la orden de la reproducción; era por ello que Adán estaba cumpliendo la orden de ponerle nombre a todo.
Eva estaba entregada a sus pensamientos y todo era divinamente apacible en el Jardín del Edén; cuando de pronto: ¡zas!, y el demonio que aparece. ¡Pero claro que no fue cualquier pobre diablo el que se materializó, sino Luzbel en persona, Mefistófeles de carne y hueso, sí señor, además, con un mundo de diabluras en su cabeza! En verdad, él sólo quería echar un vistazo para ver cuál era la novedad de Dios en este mundillo, sólo por mangoneo; ahora que, no fue que tuvimos la mala suerte de que Luzbel se apareciera donde estaba Eva, sino que el muy poderoso Señor de las tinieblas también tiene el poder de la omnipresencia, y lo primero que hizo fue clavarle el ojo a Eva, quien muy inocente se estaba revolcando voluptuosamente sobre su lecho de hojas como gata en celo y estaba teniendo pensamientos impuros. ¡Claro!, al primer golpe de vista enseguida se percató Luzbel de quienes eran los favorecidos de Dios, y de inmediato se le ocurrieron sus diabólicos pensamientos. Por supuesto, nada personal contra Adán y Eva, sino viejas rencillas que saldar con Dios. Entonces chasqueando los dedos se dijo: «¡Ay papá, ya sé, me tiro a Eva, y me cago en Dios y su mundillo!» Así fue.
Siendo Luzbel un ángel lleno de belleza deslumbrante, cuando se hizo presente ante la nueva semejanza de Dios quedó horrorizado por la fealdad que Él había puesto a sus nuevas criaturas humanas, y no cabía duda de que todo había sido adrede, pues, no guardaban la más mínima semejanza con sus huestes celestiales. En verdad que Eva estaba muy lejos de la lindeza, puesto que tenía una cabellera enmarañada que le caía hasta las nalgas (con más de treinta días sin peinarse); ya estaba algo gorda por todo lo que se había tragado en el Paraíso; era cejuda, color endrino, ojos oblicuos y pies aplanados; tenía las uñas largas y llenas de mugre, mal aliento y olía a cebollas porque ya había desarrollado sobaquina; era torpe y sin gracia en el andar, ya que caminaba semierguida. También hay que decir que tenía el sexo abrupto y almizclero, e igualmente tenía pelos en casi todo el cuerpo; era baja de estatura y no sabía ni cocinar agua, es decir, que tampoco era buena ama de casa; el pobre Adán vivía a régimen de frutas silvestres, miel y los mendrugos de maná que no llovían con regularidad, tal vez por descuido del ángel encargado de proveer las raciones, y que más bien parecían sobras de los opíparos banquetes celestiales ya que algunos estaban mordisqueados. Pero bueno, hay que decir en favor de ella que todavía no se había inventado el fuego y que vivían bajo el techo del cielo a la buena de Dios. Por último, hay que decir que para ese entonces a la hembra humana le empezaba la época del celo (al igual que los otros animales), y por tal, ella ya empezaba a despedir el olor sexual del celo; esto es, su estro natural. Algo que olía así como una mezcla de huevo podrido revuelto con queso rancio, leche cortada, pescado piche, mierda de gato, orines de caballo, almizcle de zorrillo, mariscos podridos y cebollas maceradas con ajos; y todo coronado con el olor dulzón de lirios, alelíes, azucenas y canela. Ese aroma que acabamos de describir sería el delicioso y excitante olor sexual de una mujer en celo, olor que según la historia inicial del Paraíso los hombres percibiríamos a kilómetros de distancia, así podríamos saber que una hembra estaba receptiva y nos volveríamos locos de pasión por ella, y andaríamos con las pingas erectas tratando de copular, donde sólo los más fuertes lo obtendrían. Pero hoy día, sólo los ricos. Ya sabes, cuestión de interés; o sea, asunto de mujeres.
Al momento de la aparición de Luzbel, Eva se quedó como petrificada; en ese momento creyó que había provocado la ira de Dios por sus pensamientos impúdicos y un escalofrío recorrió todos su cuerpo. Ante sus ojos estaba un ser hermosísimo, era un varón de radiante belleza, espectacular y deseable, ¡hummm! ―Lo primero que había hecho Luzbel era hacerse desear por Eva―. El tampoco tenía puesta ninguna vestidura; era alto y atlético, de ojos azules y enigmáticos como el mar, y era rubio como el sol; igualmente, se sabía dueño de un poder tan grande como el de Dios mismo, y no lo ocultaba. Pero había algo más: exhibía un hermoso miembro erecto entre sus piernas que perturbaba a Eva y la tenía embelesada y le hacía explayar los ojos; además, el muy hijo de p…, estaba moviendo las caderas a ritmo de tambores africanos que sólo él oía. Mientras, sonreía feliz y dejaba al descubierto la albura de sus dientes luciferinos, cuyos incisivos estaban forrados en oro de infernal esplendor. Eva, que no era ni tan caída de la mata, enseguida comprendió que semejante ricura no iba con ninguna encomienda de Dios, sino que sus intenciones eran otras… Lo comprendió también porque un extraño escalofrío la recorrió todo por todo el cuerpo, algo extraño le causaba un desasosiego lujurioso, y una humedad incontrolable le empezó a correr por la entrepierna aumentando el olorcito que venía teniendo; era algo nuevo e indescriptiblemente maravilloso, ¡qué placer, Dios! Ella sintió el impulso y la necesidad de arrojarse a sus pies, buena, no era precisamente eso lo que quería, sino echarse en sus brazos y que ocurriera lo que Dios quisiera, digo, lo que al diablo le diera la gana. Aunque la verdad era que ella no estaba pensando en Dios, a quien suponía en su reino divino; ni en Lucifer, porque desconocía su existencia; ni en Adán, pues no sabía dónde se hallaba, cosa que tampoco le importaba en lo absoluto; sino que su pensamiento volaba en las alas doradas del deseo y el amor profundo, es decir, amor en carne viva.
Toda su atención seguía centrada en ese ser maravillosamente bello y deseable que estaba ante sus ojos, ¡humm, ñam, ñam!, ¡qué rico mango, papito lindo! Nada parecido al bobalicón de Adán, que era bajo y de hombros caídos, cara peluda, pómulos anchos, nariz gruesa y chata, cejudo y con ojos pequeños y oblicuos; también era bembón y andaba con la boca siempre abierta escurriendo babas; tenía las piernas gruesas, cortas, cascorvas y peludas; y para colmo de males, ni siquiera se fijaba en ella. En ese momento pensó Eva que Dios no tenía muy buen gusto para esculpir, porque si esa era su imagen y semejanza, aunque nunca le había visto la cara, era evidente que Dios no tenía espejos en el cielo; pero, a lo mejor Dios estaba tan anciano y decrépito para entonces que le fallaba el pulso y por eso no puso mucha gracia a su figurilla de barro. Lo que Eva ignoraba es que Dios los había creado así ex profeso, ya que, Él había puesto demasiada belleza a sus Ángeles, Arcángeles, Querubines y Serafines, siendo esa la única causa de rivalidades en el cielo; ahora que, por ser Luzbel al ángel más bello e importante, había sido éste quien inicio la revuelta que lo hizo caer en tentación, arrastrando consigo toda una legión de compatriotas celestiales; es así como la belleza ha venido a ser una de las principales armas del diablo para causar perturbación.
Pero también había algo que le producía una gran inquietud a Eva, y era que Lucifer exhibía su hermoso animal toreado, su unicornio de oro, su falo listo para el combate; cosa que ella evitaba mirar de frente, acaso para no parecer una descarada (lo que instintivamente ha sido transmitido a las mujeres, pues no parecen tener interés en mirar lo que hay en la entrepierna de un hombre desconocido); sin embargo, desde el primer golpe de vista ella se había percatado de su encabritada postura. Así que, se hacía la remolona y parpadeaba, luego bajaba la vista y en ese intervalo miraba eso que le estaba causando un desasosiego incontrolable en todo el cuerpo y la inundación que le bajaba por los muslos provocándole unas ganas inmensas de que él se le echara encima y le hiciera algo que ella estaba segura que se podía hacer. Las sensaciones que estaba experimentando la inocente Eva las provocaba de propósito Luzbel, quien se había propuesto cambiar la obra secular de Dios, y para tal fin, nada más apropiado que pervertir a los nuevos seres terrícolas.
Luzbel aún no había pronunciado palabra alguna, sólo mantenía una sonrisa arrobadora que dejaba al descubierto su luciferina dentadura, y Eva no podía escapar al embrujo de tan llamativa expresión de afabilidad y cordial invitación a la amistad y confianza. Él estaba satisfecho por el efecto que causaba en ella, esa era su intención, en consecuencia, no le extrañaba. Sabía que con su poder omniscio podía darle un vuelco al Jardín del Edén, luego hacer de él un nuevo paraíso terrenal diabólicamente divino; es decir, un mundo a su fruición; pues, no entendía ese gusto insípido del Creador de mantener a sus hijos en perpetua alabanza y adoración, y él quería ponerle un poco más de pimienta a la vida, cosa que parecía fácil, ya que Evita estaba dando señales de querer una vida distinta…
Cuando Luzbel se dirigió a Eva, esto fue lo que le dijo: (Lo sabemos porque el flirteo se ha transmitido a través de todas las generaciones, siendo un lenguaje que ellas, a cualquier edad, entienden a la perfección porque está grabado en sus almas femeninas y es su esencia; los hombres llevamos una eternidad tratando de entenderlo y todavía no sabemos por qué las mujeres son así. Al menos hoy sabremos cómo se inició el asunto y, tal vez, el porqué; aunque todo comenzó de la manera más inocente. ¿La coquetería femenina es un don divino legado a las mujeres? ¿Tuvo algo qué ver Luzbel?).
―¡Hola preciosa! ―dijo Luzbel.
―¡Hola, señor! ―respondió Eva.
―¿Qué hace una mujer tan linda aquí solita?
―Es que no hay nadie que me acompañe.
―Bueno, ¡qué tal si yo te acompaño, Evita!
―¿Y cómo sabe mi nombre?
―Pues…, me lo dijo un pajarito.
―No sí, ya le creo. ¿Y usted quién es?
―Soy un ángel de Luz.
―¿Y por qué está aquí?
―Porque vi a una mujer linda muy solita, y me dije que quizás querría algo de compañía, digo…
―¿Seguro que vino sólo por eso?
―¡Claro, linda!, ¿por qué otra cosa iba a ser?
―No sé, pero si usted lo dice, así será ―dijo Eva. Despertada su curiosidad femenina quiso saber más, y acuciosa e inquisitiva inquirió: ―Y, ¿qué quiere de mí?, ¿por qué me mira así?
―¿Tú qué crees maja? ―respondió Luzbel conspicuo, epicúreo y sicalíptico.
Como del dicho al hecho hay poco trecho, quiso Luzbel pasar de las palabras a los hechos, entonces se acercó a Eva y tocó sus carnes, concretamente, colocó su dedo medio en el phallus de ella, y fue como derramar una gota de roja tinta sobre una fuete de agua cristalina, la cual se expande en un radio rápido e indetenible manchando todo a su paso; lo mismo ocurrió en el cuerpo de ella, ya que una corriente sensitiva se expandió por todo su cuerpo convirtiéndola toda en un mapa erótico. Luego él abrió sus oídos al idilio, pues le dijo toda suerte de palabras románticas y sensuales que marcaron su corazón y su razón, y quedó para siempre jamás predispuesta al romance; así ha sido transmitido al tenor de los siglos a las féminas. Las emociones y sensaciones que experimentaba Eva eran provocadas adrede por el sibarita Luzbel; las cosas cambiarían para siempre, la obra creadora no sería la misma nunca jamás.
Sometida la voluntad de Eva bajo el dominio de sus excites carnales fue presa incondicional en su entrega; la cópula coital se producía con desenfreno. El íncubo saturnal se estaba consumando, y Él era uno y era legión. Este acto lúbrico se estaba cometiendo cuando llegó Adán, mayor no pudo ser su sorpresa ante tal liviandad. De inmediato Luzbel indujo a Eva a que se mostrara voluptuosa ante Adán, y ella le mostró su conejo abierto en canal, su corazón partido, su animalito rajado y famélico; entonces Luzbel abrió los ojos de Adán, y éste vio tan apetitosa fruta que para siempre jamás ha podido dejar de desearla.
Para concluir su obra corruptora, Luzbel convirtió a Adán y Eva ―y descendencia― en seres concupiscentes, cuyos placeres serían su propio erebo; igualmente, para que no tuvieren ciclo de celo eliminó el estro de ella y encegueció la nariz de él, esto para que fornicaran cuando les diera la gana. Para garantizarse de que fuera así para siempre, en el vientre de Eva había sembrado el aciago germen, él sería el hacedor de su primigenia descendencia, luego todo se mezclaría y entremezclaría sin fin.
Dios descubrió ipso facto el pecado, pero ya era demasiado tarde. Entonces enfureció, echó a Adán y a Eva del Paraíso, les quitó la gracia divina, convirtió la tierra en un planeta convulsivo y feroz, y los dejó a su merced. Pero como habían sido engañados, les dio una promesa de redención.
Era el año quince después de la creación cuando un lamentable accidente truncó la vida de Abel al atragantarse con una manzana, y, un día después, una serpiente acabó con la vida de Adán. Fue así como la muerte nació a la vida en este mundo, y sólo de un día para otro ya había hecho dos muescas en su hasta entonces inmaculado mapa de la muerte. Caín, el primogénito de Eva, quedó a cargo del nuevo clan humano que estaba compuesto por Eva, que era apenas diez meses mayor que él, de sus doce hermanas y de un escuincle de pecho llamado Set. Como el único hombre de la familia tuvo hacerse cargo de la situación, y continuar con la propagación de la descendencia humana.
Fue así como lo soñé.